18 abril 2021
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Resurrecciones

04 abr 2021 / 03:00 H.

    Si los Jueves Santo se fundaron para comer torrijas (Antonio Civantos) y los Viernes, potaje, bacalao y pestiños, el Domingo de Resurrección está ahí (aquí) para cimentar la fe cristiana y comer hornazos, que son uno de los fundamentos de la Pascua: “Pascua de Flores, tiempo de hornazos”. La Pascua florida y hermosa. En Las Arribes lo saben bien. Acaban aquí los días de ayuno y abstinencia –un amigo dice de “Ayuso” y abstinencia—y se abre la barra libre –es una forma de decirlo—para comer de todo, que es una modalidad de resurrección.

    Unamuno, que está en permanente estado de resurrección, regresa de nuevo a escena ahora con un libro de Luis García Jambrina y Manuel Manchón, realizador del documental que cuestionaba la muerte natural de don Miguel y sugería que alguien le ayudó, porque interesaba al régimen nacional eliminarle. Y por eso le hicieron un Santo Entierro con los falangistas en primera fila, luciendo camisa azul y el yugo y las flechas. El libro se titula “La doble muerte de Unamuno” y saldrá a la venta en las vísperas del aniversario de la II República y del Día de Castilla y León. Tampoco este Viernes Santo hubo Santo Entierro ni procesión dominicana –la sede recibió la visita de Alfonso Fernández Mañueco—así que se resintieron los pestiños y los churros del desayuno al amanecer en clásicos de la hostelería que recibían a los devotos de “La Esperanza”. Los churros de Chamorro, Moreno, Ricardo, Roncero... ilustres apellidos vinculados a esta flor de sartén, que tiene en Año Nuevo y Viernes Santo sus días grandes. Así que, a falta de procesiones, la parroquia hizo turismo para ver los pasos expuestos y parados. Había parroquianos de casa, pero también forasteros. Y cuando creíamos olvidada la costumbre de visitar los monumentos –recupere en Youtube “Pasiones, calvarios y pascuas en Salamanca”, del IDES, exposición de Juan Francisco Blanco—va la tradición y resucita. Y entre terrazas y visitas, el trajín era importante. Así es la vida. También resucitó la de la lluvia el Viernes Santo, recordando lo de las aguas mil de abril, mes comunero y “vacunero”. Anda agitado el panorama institucional para recordar a Padilla, Bravo y Maldonado, porque se cumplen cinco siglos de aquello y hay que elevar la moral de la tropa. Y también está impaciente el paisanaje esperando su vacuna, que ya toca. E igual que la paciencia con Carlos I y sus secuaces flamencos se agotó y saltó la revolución comunera, vaya usted a saber si no se cansan los paisanos de esperar su vacuna y hay gorrazos a diestro y siniestro, que hay ganas. Porque –lo escuché haciendo cola para entrar en la Vera Cruz—aquí todos son exigencias, pero... Era un mensaje para Casado e Igea, aunque ambos estaban en ese momento lejos del escenario del Descendimiento, que este año tampoco pudo ser como ha sido.

    En realidad, muy pocas cosas han sido como eran. Pusieron en la tele “Ben-Hur”, que resucitó otro año más, pero la sustituí por “El salvador del Imperio”, que también es una de romanos. Novela histórica escrita por nuestro José Luis Sánchez Iglesias con Flavio Aecio de protagonista. Muy novela y muy histórica. Intrigas, batallas, amor por encima de las clases sociales, traiciones, política... No le falta de nada. Imprescindible para horas de confinamiento. Por cierto, las frutas confitadas de la novela y el hornazo maridan estupendamente. Ahí lo dejo. Y sigue la “pasión” según Rocío Carrasco, a la que no le faltan “evangelistas”, exégetas, devotos y herejes.

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