18 octubre 2019
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¿Por qué se suicidan los asesinos de mujeres?

26 mar 2019 / 03:00 H.

Un nuevo caso de violencia machista en Loeches nos lleva a incrementar la lista de mujeres muertas en este año. Con este asesinato serían 13 las víctimas en apenas tres meses de 2019. En este último crimen, presuntamente un hombre de 47 años habrá matado a su mujer de 39, en presencia de sus hijos y después se habría quitado la vida, cortándose las venas. Todo, al parecer, delante de los niños. La mayor de ellos, de 11 años, fue quien avisó al servicio de emergencia de la Comunidad de Madrid. La Mancomunidad de Servicios Sociales del Este de Madrid se ha hecho cargo de la pequeña mientras que el otro hijo, de cuatro está bajo custodia de familiares. La primera que surge en esta tragedia, como en tantas otras similares es ¿por qué el tipo no se quita la vida directamente, en vez de asesinar a su pareja y después suicidarse?

Los casos de violencia machista se parecen mucho entre sí. Replican un modo de comportamiento que ya, por desgracia, ni siquiera nos sorprende. A veces hay denuncias previas, pero en ocasiones, como la que nos ocupa, ni siquiera existen. En un acto de desesperación injustificable un hombre se siente desbordado por la situación por las razones que sean: celos, inseguridad, desazón ante la situación económica o cualquier otro. Motivos que, en frío, a todos nos deberían parecer insólitos si se relacionan con un delito de sangre. Es decir, cualquier de nosotros podríamos entender un enfado con esas cuestiones de por medio pero, ¿cómo es posible que se llegue más allá?

La realidad es que, para determinados hombres sobre todo —alguna mujer hay, sí, pero son excepcionales— estas circunstancias, en el contexto de una educación y una vida de preeminencia de los varones sobre la hembra puede llegar a conducir al drama. No todos los maltratadores son iguales, pero casi todos reaccionan de la misma manera. Es decir, cuando maltratan no lo hacen de una manera premeditada, sino por impulso. Y un día, puede ser que tras una vez o tras mil maltratos, ese mismo impulso —que muchas veces es la decisión de la mujer de no aguantar más y abandonarlos— les lleva a matar. Que después de acabar con la vida de su pareja se quiten la suya puede obedecer al miedo a la sanción social; pero igual que muchas veces llegan al asesinato por la pérdida de control ese mismo estado les conduce a quitarse la propia vida, precisamente porque esa dominación de la mujer es la que daba sentido a su existencia y sin ella la vida ya no tiene interés. No es que se arrepienta del acto, es que tras él, su vida se queda vacía. ¿Y los hijos? ¿Acaso el maltratador no piensa en ellos? La pregunta sería ¿alguien que pierde la cabeza tanto como para matar a otra persona —más aún a la persona que supuestamente ama— y matarse a sí mismo, es capaz de pensar?