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En el Corrillo de la recova, en los tiempos en que lo retrata Pedro Antonio de Alarcón, se despachaba el pescado procedente del Tormes: truchas, anguilas, carpas, tencas, barbos, rubias, bogas, sardas, bermejas, cangrejos y la pesca de Santander. Según afirma Augustus Jhon Cuthbert Hare en 1832, los padres dominicos tenían mulos que iban y venían al puerto de Santander para tener pescado fresco.

A principios del siglo XX los pescadores salmantinos se concentraban en la zona del “Castigo”, notable por la profundidad de sus aguas, destacando varios: Juan Iglesias, que a lo largo de su vida había extraído 10 ahogados. Eustaquio Diego Rodríguez, apodado “El Castigo”, que según la leyenda dio nombre a la barriada. (La realidad es que la Huerta Otea se inundaba muy a menudo, lo que se consideraba un “castigo”, de donde le viene el nombre al barrio). Felipe Bernardo, “El Calderas”.

“La señá Ana”, pescadora de profesión, instaló un ventorro, donde montaban sus trebejos de pesca diariamente “El Gurriato” y “El Geromín”, célebres pescadores. Tengo entendido que se la denominó “La Chafandina”, en sus tiempos mozos, cuando pregonaba la mercancía producto de su pesca, por la ciudad. Su hijo Demetrio Miguel, “El Chafandín”, carpintero de profesión, se hizo célebre junto a su compañero “El Balilo” porque tan pronto como se barruntaban las Navidades, recorrían el barrio frotando una descomunal zambomba el primero y una gran pandereta el otro, felicitando las Pascuas a los viandantes y casa por casa. También fue pescador, al tiempo que peón, el padre del heladero “El Valenciano”, Celestino Hernández Sainzesquerra.

De las primeras pescaderías con tienda fija que tenemos noticias hay que destacar la de Teodoro Martín, “La Positiva” en 1887, que es pescadería, carnicería y pollería, en el número 3 de la plazuela del Corrillo.

También en el Corrillo, 13, hacia 1900, tiene Adolfo González su pescadería, al tiempo que despacha al público en la Plaza del Peso. Al abrirse el Mercado Central en 1909, ocupa el puesto número 108. Al local del Corrillo llega Alejandro Heras Revilla cuando se traslada de Juan del Rey 1, esquina a Meléndez, con tienda para venta de pescado fresco al por mayor y menor, al tiempo que escabeches y boterío de conservas. Instala una cámara frigorífica que utiliza para la conservación del pescado y para la fabricación de hielo de venta al público. Al tiempo abre la fábrica de helados “La Polar” produciendo las variedades de cucurucho de obleas y “bizcocho helado”, envuelto en papel de parafina y más tarde el “bombón helado”. También vendía el conocido “Pirulí de la habana, que se come sin gana”.

En la carretera de la Estación número 17, tiene sus almacenes Luis Maeso Elorrio, dedicado a pescados frescos, escabeches y conservas. En la misma avenida años más tarde se encuentra Baltasar Moretón en el número 59 con un gran almacén de coloniales, pescados frescos y escabeches.

En 1909 al abrirse al público el Mercado Central alguna de las pocas pescaderías existentes en la ciudad se instalan en su recinto tras la subasta de puestos efectuada el 30 de marzo.

Los puestos de pescaderías actuales tuvieron otros usos y se adjudicaron entonces los siguientes: 1, 2 y 3 a Petra Vidal, Catalina Martín y Agustina González; 20 a Magdalena García y 21 a Juana Comerón; 22 a Francisco González; 32 a Isidro Muñoz y 33 a Catalina Salvador; 42 a José Martín y 43 a Valentín Herrero; 48 a Vicente Rodríguez; 55, desierto; 58 a Tomás Rivas y 59 a Juan Sánchez; 60 a José García y 61 a Miguel Rivas; 75 a Micaela Panadero; 91 a Fabio González; 89 a Nicolasa Guerra y 90 a Mariano Calzada.

Santos Burrieza García comienza su negocio, alentado por su esposa Brígida Almaraz que vendía pescado por las calles. Se instala en el Mercado Central en los puestos 56 y 58 y luego en Zamora 60. Importa directamente desde los puertos de Coruña, Vigo, Marín, Avilés, Gijón, Santander, Suances y San Sebastián. Su hijo Santos Burrieza, que heredó el negocio, fue boxeador profesional. Polidoro Maza tuvo almacén de pescado al por mayor en Hovo Hambre y doble puesto en el Mercado regentado luego por su viuda Argelina Domínguez, que heredó su hija Obdulia.

La “Pescadería Coruñesa” abre el 01/10/1926 en Zamora, 27.

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