19 junio 2019
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Otro progre golfo

22 may 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

Saltó ayer la noticia: Raúl Morodo se libraba de ser detenido por su avanzada edad (84 años). Lo fueron su hijo y otros miembros de su bufete, por millonarias mordidas logradas en Venezuela mientras Raúl, con el gobierno Zapatero, fue embajador de España, no siendo diplomático de carrera. ¿La vergonzosa mediación actual del expresidente leonés cerca del tirano Maduro, sintonizará con aquello?

Morodo es uno de esos progres, con vocación de multimillonario, que gozó siempre de buena prensa, de un aura de político inteligente, íntegro. Si fallece hace unos días, le beatificamos como a Rubalcaba. Pero le han trincado con cuentas millonarias, blanqueadas en paraísos fiscales. Él, que nació como Franco en El Ferrol —tiene guasa, “del Caudillo”—, pero fue sucesivamente marxista, luego socialista, fundador del PSP de otro farsante, Tierno Galván; ocasionalmente suarista (CDS), porque Adolfo le había librado elegantemente, cuando fue diputado del Congreso, de un asunto más turbio que el Danubio; vuelta al socialismo con Zapatero; y finalmente, egipcio, con las manos en la masa del petróleo venezolano, sirviéndose como testaferro de su propio hijo. Cobró por informes que no hizo, más aún que el podemita Monedero por sus inexistentes dictámenes. Y del mismo régimen dictatorial, el que Pablo Iglesias no condena (como subvencionado agradecido), mientras desdeña la valiosísima donación contra el cáncer de Amancio Ortega, de origen humilde y talento excepcional.

Tres veces he coincidido —no comulgado—, con Raúl: como alumno de la cátedra de Tierno Galván en Salamanca, donde él era ayudante, y se fabricó su propia leyenda; en el Colegio Mayor madrileño “César Carlos”, donde tenía como pareja habitual a nuestro capellán, Jesús Aguirre —que ya no creía en Dios—, y era conocido como la protagonista de una película argentina, “La Raulito”, supongo por qué; y por último, en el Congreso de los Diputados, ambos constituyentes. Nunca dudé de su agudeza y preparación, sí de su superioridad e integridad moral, como hombre “de izquierdas”. Como tantos otros progres que uno ha conocido y sufrido, era corrupto. Pero a éste le han cazado.

P.S. El sábado escribí que, muerto el burro que acarreaba la vinagre, en Villarino no quedaban jumentos. Estaba equivocado. Me he topado con otro. Rebuznaba en la barra de una cafetería.