06 agosto 2020
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No bajar la guardia

24 jun 2020 / 03:00 H.

    Dos presidentes, el de España -que se lo regalo-, y el de Castilla y León -al que aprecio-, han aconsejado reiteradamente, una vez finalizado el estado de alarma, no bajar la guardia, no dejar de tomar todas las precauciones necesarias para evitar el contagio, porque en otoño habrá mas rebrotes, y no solo de pastos en la dehesa.

    La imagen es afortunada. Estamos en un combate contra una mortífera pandemia. De manera que debemos afrontarla igual que un soldado se pone el casco antes de la batalla, un boxeador se cubre el rostro con los puños desde que suena la campana, o un esgrimidor alza su florete frente al adversario. Aunque la semejanza suele predicarse con los púgiles, que si bajan la guardia se arriesgan a recibir un directo en pleno rostro, o un gancho en la mandíbula. ¿Relaja usted las precauciones? En tal caso es candidato al ataque de alguna de esas gotículas, y pasarlas moradas o pasar al camposanto.

    Algún experto en boxeo podrá alegar que, sin embargo, los más grandes púgiles peleaban con la guardia baja. Cuentan que lo hacía el considerado como el mejor de la historia, Ray “Sugar” Robinson. Y uno lo vio, en combates televisados de Cassius Clay -luego Muhammad Alí-, bajando los brazos con la chulería del que va sobrado. No sé qué haría nuestro más grande boxeador, el aragonés Ignacio Ara, conocido como “el catedrático de las doce cuerdas”. Dicen que tenía la guardia de perfil o baja, pero porque esquivaba los golpes como nadie. Sí vi en televisión combates del cubano, luego español -campeón del mundo-, José Legrá, cuyo prodigioso juego de piernas le permitía retroceder y bajar la guardia, desafiando arrogantemente al contrario.

    Nosotros no vayamos de sobrados. Sigamos con la guardia alta, haciendo de Pilatos, enmascarándonos hasta que Esquilache regrese, y manteniendo las distancias. Con el COVID-19, dejemos que se enfrenten los científicos y confiemos en una pronta y eficaz vacuna. Por cierto, los Estados también bajan la guardia, cuando su defensa solo tiene ¡un submarino!, estando rodeado de mares; cuando se recortan los presupuestos de la sanidad pública; o cuando sus nacionales votan libre pero imprudentemente a Sánchez e Iglesias, que son ganas de convertirse en venezolanos.