23 agosto 2019
  • Hola

Mutua de Desconfianzas S.A.

10 ago 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende (Unamuno)

Que el presidente diga ahora que no se fía de Pablo Iglesias, no es cosa nueva. Se lo dijo ya a Pablo Motos en El Hormiguero allá por junio de 2016, cuando le preguntó por el coletas: “No, mi abuelo me dijo que uno no puede fiarse de quienes reniegan de sus raíces”. El abuelo del que ahora sufrimos como presidente —con ínfulas de monarca—, que no era el “Sanguinario” general Castejón, sino un modesto dependiente de comercio, le prestó al nieto ese toque hortera que pasea, pero tenía toda la razón en desconfiar de quienes reniegan de sus orígenes. La cuestión es que Iglesias, cuyas raíces son dos generaciones de anti-españoles, no ha renegado nunca de ellas, aunque a veces las encubre, por aquello de atraer incautos a su comunismo, enharinándose la pata negra como el lobo del cuento llamando a la puerta de los corderos, para engañarlos.

En cambio Sánchez, tan desconfiado con Iglesias, comprenderá que no se pueda fiar nadie de su palabra, ni sus promesas, porque ha batido récords mundiales de desdecirse, a veces en el mismo día, sin ponerse colorado, y sosteniendo por la tarde lo contrario de lo que había mantenido con firmeza por la mañana. Lo que para la Academia de la Lengua es desurdir, desbaratar una trama, y que en mi pueblo emplean cuando desenredan las tripas del cochino en la matanza (según escribió el sequereño Francisco A. Martín Iglesias). Bueno, pues el veleta Sánchez desurde más que una mondonguera de Guijuelo. Me recuerda la sentencia del escritor americano de éxito, Shannon L. Alder: “Quienes tienen problemas de confianza solo necesitan mirarse al espejo, allí se encontrarán con la persona que más los traicionará”. Así que, hala Pedrito, a preguntarle al espejo todas las mañanas como la madrastra de Blancanieves, quién es más guapo —y más traidor—, que tú, prenda.

El otro prenda, Iglesias, el pasado abril, en el mismo programa de Motos, aseguró : “No me fío de nadie en política”. Hace muy requetebién, porque como decía Pío Baroja —y citaba con reiteración el veterano periodista de esta casa, Paco Casanova—, “la política es un juego sucio de compadres”. ¿Incluso entre correligionarios? Incluso. Cabanillas decía aquello de “al suelo que vienen los nuestros”, y uno tuvo sobre su escritorio varios años una viñeta del Forges en que mientras el protagonista colgaba el sombrero, la mujer le preguntaba de dónde venía. Contestaba “del partido”, y llevaba en su espalda más navajas cabriteras clavadas que un San Sebastián flechas. Porque hasta en las sedes de los partidos —no digamos entre comunistas—, muchos llevan oculto un dardo, un cuchillo, una maledicencia, cuando no una pipa en el sobaco.

Por todo eso, uno escribió desotro día que Sánchez e Iglesias iban de puto a puñetero. La inmensa mayoría —y me consta que muchos socialistas—, no nos fiamos de ninguno de ellos ni una miaja. Ni un pelo. Y no es solo porque en la confianza esté el peligro, como advierte el viejo refrán, sino porque ambos compadres han demostrado públicamente que ninguno son de fiar. El secretario de Ciudadanos ha declarado que esa desconfianza mutua —Sociedad Anónima—, tiene su origen en el reparto de sillones, pero va mucho más allá.

Mi amigo “El gamba” me aconsejaría que recelara, que tuviera mucha cautela con Echenique, personaje siniestro y clave en este relato. Ahora descubre la vicepresidenta Calvo, que cada día me recuerda más a la incomprensible cantante Calva de Ionesco, que el muñidor de la silla de ruedas dice muchos ex-abruptos. Serafín recitaba aquello de “no te fíes de los lisiados, aunque sean de nacimiento, es que Dios los castigó, por sus malos sentimientos” . Él sabía que el dicho era incierto, injusto y cruel, pero gustaba de aplicárselo a un contemporáneo suyo, chepitas, que tenía muy mala leche. A Echenique, como a todo el que sufre, hay que desearle lo mejor... pero en Argentina.

El problema grave es que Sánchez, con tanta reunión-mitin, tanta prensa y propaganda, está logrando la lealtad ciega de los suyos, el silencio de los socialistas clarividentes, la búsqueda de acomodo en las próximas listas, el intento podemita de tocar pelo. En suma, inspirando confianza sin escrúpulos porque sabe que, si en el refrán sustituimos Sevilla, “Si España se fía, España es mía”. Y las encuestas indican que, inexplicablemente, sigue en ascenso. Por eso yo aviso como puedo de que España puede ser suya si seguimos desunidos, y si confianza viene de “con fe”, me consuelo con el conocido Salmo: “Tu palabra me da vida, confío en ti, Señor”.