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Mirar hacia el Atlántico

Lunes, 29 de agosto 2022, 05:00

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No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que Salamanca debe mirar con decisión a Portugal si quiere ampliar su reducido abanico de opciones de desarrollo. No es un capricho de los que nos sentimos especialmente atraídos por el país vecino, ni un mantra propio de lunáticos. Es una realidad aplastante. El aislamiento y el abandono al que ha sido sometida esa provincia por gobiernos de distinto signo nos obliga a buscar las habichuelas por nuestra cuenta. Es triste decirlo, pero no podemos esperar a que desde Madrid vengan a sacarnos las castañas del fuego. Para ello tendríamos que disfrazarnos de Pere Aragonès, de Urkullu o incluso de Miguel Ángel Revilla. Pero como eso no va a ocurrir, habrá que enfundarnos el traje charro y cabalgar cuan Julián Sánchez en busca de un futuro mínimamente esperanzador.

Portugal ha demostrado sobradamente que está abierta a establecer vínculos sociales y comerciales donde las dos partes salgan beneficiadas. El país luso necesita una salida fiable y adecuada para las mercancías que llegan a puertos como los de Aveiro y Leixões, y Salamanca se la puede ofrecer. La Plataforma Logística Intermodal se tiene que convertir en el gran puerto seco desde el que se distribuya ese género por toda Europa. Es una alianza de cajón y que obviamente no puede existir con ningún puerto español. En un momento como el actual con la guerra de Ucrania poniendo en peligro la distribución de determinados suministros, es fundamental que nos hagamos necesarios en este ámbito.

Eso sí, en esta lucha hay que volver a mirar a Madrid y exigir unas comunicaciones que reduzcan tiempos en el transporte y puedan asumir esa presión. No podemos seguir esperando sentados a que se priorice la electrificación de la vía entre Salamanca y Fuentes de Oñoro. También hay que empujar para que la alta velocidad entre la capital de España y Lisboa pase por Salamanca tal y como lo venía haciendo el paralizado tren Lusitania. Se echa de menos una movilización seria y decidida. Pero si no somos capaces de salir a la calle para pedir que vuelva al cuarto Alvia a Madrid, mucho menos lo haremos para exigir que haya trenes a Portugal.

Los portugueses, que han estudiado estas alianzas mucho mejor que nosotros, ya plantearon hace poco que el mejor enlace para dar salida a las mercancías del puerto de Leixões era rescatar al completo la Línea del Duero que actualmente solo está abierta entre Oporto y Pocinho. Con una inversión de 43 millones en Portugal y de algo más de 100 en España, se podría establecer un enlace a través de Barca d’Alva y La Fregeneda que llegara a Salamanca por La Fuente de San Esteban. El regreso de la histórica vía de las Arribes y el Abadengo también serviría para transportar la mercancía de la revitalizada mina de hierro de Torre de Moncorvo.

Pero no solo debemos mirar a nuestros vecinos en el terreno puramente comercial. El mercado turístico que tenemos a la vuelta de la esquina y al que le hemos dado la espalda históricamente es enorme y muy jugoso. Nos hemos dedicado a captar con buen criterio al visitante madrileño que está a solo dos horas de la Plaza Mayor, pero hemos olvidado que tenemos Oporto a poco más de tres. Estamos hablando de un pastel de casi 2 millones de personas. No hay que olvidar que la ciudad del Douro tiene solo 220.000 habitantes, pero su área metropolitana alcanza los 1,7 millones. Además, para muchos portuenses, Salamanca sigue siendo una gran desconocida y una caja de sorpresas que les apetece abrir. Ya se ha demostrado con el Camino de Hierro. Antes de que se hiciera cualquiera acción promocional en territorio luso, los portugueses ya representaban más de un diez por ciento de los senderistas. Una cifra nada desdeñable que demuestra el interés que tienen en los recursos turísticos de esta tierra.

Por suerte o por desgracia estamos arrinconados en un oeste que históricamente ha sido el patito feo. Desde aquí no podemos mirar al Mediterráneo o al Cantábrico, pero sí hacia un Atlántico que solo puede traer cosas buenas.

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