16 agosto 2019
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Más resaca electoral

14 jun 2019 / 03:00 H.

Tras desgranar un eterno rosario de resultados electorales, la noche del pasado 26 de mayo los medios se aventuraron a vaticinar los nombres de los alcaldes y presidentes que presumiblemente regirían nuestros destinos locales y autonómicos en el próximo cuatrienio. No era éste un juego esotérico, sino una razonada mezcla de aritmética y química: números para conocer el resultado de las respectivas sumas y valencias atómicas para predecir la combinatoria más probable entre los diferentes elementos que se mezclan en el matraz.

Pasados todos estos interminables días —para unos más que para otros—, quizá sorprenda que el automatismo de tanta ciencia no haya dado los frutos previstos con la facilidad que se esperaba. Muchas razones explican que en, vísperas de la constitución de ayuntamientos y asambleas, la incertidumbre aún domine la elección de alcaldes y presidentes. Probablemente, la más poderosa sea la vinculación de algunas de estas decisiones con la investidura del Presidente del Gobierno central y la conformación del Consejo de Ministros. En algunos casos, la coyuntura política local o regional, o la marrullería de los partidos —apenas mal maquillados de transparencia— han condicionado la adopción de decisiones que, a primera vista, aparentaban ser poco menos que necesarias.

En democracia, los prejuicios y las órdenes de equipo hay que dejarlos en casa; máxime, si de lo que se trata es de las instituciones públicas territorialmente más próximas al ciudadano. Al final va a resultar que España es un país políticamente descentralizado en las formas pero no en los contenidos, porque parece que la auténtica cocina está muy lejos de la sede de los parlamentos o de las casas consistoriales. Tras más de cuatro décadas de Constitución, se diría que no hemos aprendido a entendernos, a dialogar de verdad, a pensar en España. Presiento que aún no estamos preparados para asambleas multicolores, y creo que la mala experiencia de las líneas rojas y de los pactos preelectorales implícitos desembocará, en no demasiado tiempo, en el retorno al bipartidismo.