05 diciembre 2022
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Los ‘tragasueldos’

05 oct 2022 / 03:00 H.

    Ya les aviso que voy a hacer una asociación de noticias bastante ventajista. La primera refleja cómo se ha incrementado, más del doble, el número de agresiones de hijos a padres, especialmente en el tramo de los 13 a los 16 años y, en gran parte de los casos, el detonante del conflicto es la adicción a los videojuegos. La segunda la he leído en estas mismas páginas; la irrupción en Salamanca de las llamadas máquinas tragaperras de última generación, capaces de merendarse 500€ en apenas dos minutos. Menudo apetito.

    Si alguien les dice que a él le sale rentable jugar a estas ‘máquinas recreativas’ no le crean. A poco que juegue, es estadísticamente imposible salir ganando. Los algoritmos están más enrevesados que los de Google y, como en el Casino, la casa siempre gana. Pero esta obviedad no termina de cuajar en el esquema mental de los chavales que se dejan seducir por las campanas y limones con la misma inocencia con la que disfrutaban de los carruseles en su infancia. Nunca piensan en perder, pero pierden, y de ahí deviene una rabia y una frustración con la que esta sociedad no les ha enseñado a lidiar. No crean que son pocos los casos, cada día hay más.

    Escenas que ya han trascendido al espacio público porque la adicción se ha colado en la privacidad a través de unas pantallas que no saben de horarios o de salarios. Da igual una habitación a oscuras de madrugada que unos minutos de espera en la parada del autobús. Jugar es una rutina para miles de jóvenes que buscan la dosis inmediata de adrenalina. En juego no sólo hay dinero, también la emoción, la que engancha. Pero con emoción no se pagan facturas.

    Recuerdo que un día cualquiera, en un café anodino, un hombre maduro y corpulento, que no desmerecería en el casting de Vikingos, arrastraba su dignidad por la barra, de taburete en taburete, pidiendo una moneda más, “sólo una”. Entonces pensé en el poder demoledor de unas simples máquinas de luces y sonido. Ahora, las han convertido en ‘tragasueldos’ y dentro de poco tendrán un holograma con un/una sugerente crupier que te invite a disfrutar de la emoción de ganar el BOTE.

    Hacen muy bien en mostrar su preocupación las Asociaciones de Jugadores Rehabilitados. Ante la deriva de una sociedad de mercado que no tiene muchos pudores a la hora de sacar beneficios, deben ser las leyes las que acoten el campo de juego, especialmente con los más jóvenes. Algún paso se ha dado ya en ciudades en las que no se permite abrir negocios de apuestas cerca de los centros escolares, pero no parece suficiente por que el peligro sigue latente en la red, donde la identidad es más volátil allí donde el dinero se mueve más rápido. Está tardando ya el gobierno en sacar una ley que exija el registro del DNI para acceder a cualquier juego de pago. No sólo se evitará el acceso a los menores, quizá también se podrá ayudar a los adictos a las ‘tragasueldos’.

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