30 octubre 2020
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Las cosas van mal

    Para los bien pensantes –como quien esto suscribe- la situación en gran parte del mundo no anda bien, ni siquiera en la tan democrática Europa, ni tampoco en EE.UU. Hablando de ese gran país en vísperas de elecciones, se acaba de estrenar #Unfit, un documental que tiene como propósito reunir a psicólogos y psiquiatras prominentes y pedirles que diagnostiquen la salud mental de Trump. Estos especialistas concluyen que el presidente es un narcisista maligno. Explican por qué este trastorno es incompatible con el oficio de gobernar un país y junto con historiadores invitados alegan que Trump comparte diagnóstico con los líderes más nocivos en la historia. #Unfit expone la atracción que estos líderes ejercen sobre las masas. El documental busca darle solvencia a una idea: “Trump está loco”. Los especialistas señalan que su paranoia, sadismo y ausencia de empatía son síntomas de la forma más extrema y nociva de narcisismo.

    Independientemente de lo dudosos que puedan parecernos algunos diagnósticos hechos sin conocer a los pacientes, lo que resulta innegable hoy es que tanto en política como en la vida social no estamos tan lejos de los primates.

    La conocida primatóloga Joan Goodall, fue quien describió que los chimpancés macho, durante el tiempo que formaron un solo grupo, desplegaron gestos para mostrarse dominantes (gritaban, se golpeaban el pecho, lanzaban piedras al río) pero nunca se pegaban entre ellos. La cosa cambió cuando el grupo se dividió en dos: el chimpancé de una de las manadas desplegó los mismos comportamientos, pero empezó a usarlos para arengar al resto y una vez que lo consiguió encabezó una marcha hacia el terreno ocupado por la otra manada con la intención de destruirla.

    El psicólogo John Gartner sostiene que los grupos con un líder agresivo y manipulador logran imponer mejor sus genes. Tan importante es el papel del líder como el seguidismo de su tropa. Esta inclinación, concluye Gartner, es parte de nuestro bagaje genético. Lo que justifica que los líderes humanos bravucones convenzan fácilmente a un grupo de que hay un bando enemigo que amenaza con destruirlo.

    Y en eso estamos, tanto con Trump como con los machos de Polonia y Hungría, y me temo que también de España. Ya no se discute dentro de los partidos, sólo se oye la voz del líder, lo cual es evidente en los dos caudillos que hoy conviven en el Gobierno español. Y no faltan psiquiatras que aseguran que ambos son dos paranoicos de libro.

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