28 junio 2022
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La España invertebrada

27 nov 2021 / 03:00 H.

    HACE cien años, José Ortega y Gasset publicaba la España invertebrada. Un diagnóstico sobre los males de un país caótico marcado por la agonía de la Restauración, la violencia anarquista, el desastre militar del Rif o el asesinato del presidente Eduardo Dato en Madrid. El libro sirve al filósofo para dibujar los males de una nación que se fundamentan, según él, en los errores políticos, el separatismo y el odio a los mejores. Salvando las distancias temporales y, desde luego, su visión elitista de la sociedad, la obra de Ortega sirve para comprobar que en este país, no solo hemos incapaces de superar algunos de nuestros sempiternos problemas, sino que a la vez somos capaces de agravarlos.

    Un siglo después, España sigue siendo un país invertebrado por la falta de un esqueleto que equilibre por igual a todos. La foto de Santiago de Compostela de esta semana es la representación gráfica del hartazgo que han acabado sembrando los privilegios nacionalistas. Ocho presidentes autonómicos de diferentes signos políticos, entre ellos el de Castilla y León, se han unido para reivindicar la equidad, frente a las permanentes concesiones a los de siempre.

    Si en la España Invertebrada, Ortega acusaba a Castilla de “deshacer” al país por su excesivo centralismo, hoy ocurre justo lo contrario, aunque la consecuencia viene a ser la misma. Son los nacionalismos los que desequilibran al resto gracias a la Ley Electoral y a su constante insolidaridad, que en muchos casos roza el chantaje.

    Solo así se explica el nuevo espectáculo al que hemos asistido esta semana de aprobación de los Presupuestos. Mientras esos ocho presidentes autonómicos pedían más financiación para garantizar la sanidad y la educación en todos los rincones del país, los nacionalistas se vanagloriaban de sus logros sectarios, que nada tienen que ver los servicios de primera necesidad. Al tiempo que Castilla y León, Galicia, Castilla-La Mancha o Extremadura, pedían dinero para paliar el abandono rural, Esquerra se jactaba de conseguirlo para hacer más series en catalán o de paralizar la reforma de la Jefatura Superior de la Policía de Cataluña. Mientras Asturias, Aragón o La Rioja, clamaban por más financiación para sus servicios sociales, Bildu presumía de haber conseguido una canal de televisión infantil en euskera para Navarra. Y así hasta conseguir el suficiente número de votos para aprobar unos presupuestos.

    Todo esto hace que la lista de agravios sea cada vez mayor. Tal y como dijo Ortega “la esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás”. Y así, o peor, estamos un siglo después. Primero fue Teruel Existe y ahora ya hay Levanta Jaén, Soria ya, León Ruge o Cuenca Ahora. La atomización o el cantonalismo de la Primera República llaman a la puerta. Cien años después España sigue como estaba, porque ni ha habido, ni hay de momento, nadie que sea capaz de vertebrarla.

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