21 julio 2019
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La Constitución viviente

12 jul 2019 / 03:00 H.

Cuando comencé a estudiar Derecho, nuestra Constitución apenas superaba la media docena de años. Aún resonaban los disparos de un militar que asaltó el Congreso, ETA asesinaba sin piedad y el Estado se valía de fondos reservados para cazar terroristas al margen de toda ley. En esos mismos tiempos, ya habían pasado casi cuatro décadas desde que se aprobara, en 1949, la Ley Fundamental de Bonn. Tomábamos la Constitución alemana como ejemplo propio de un Estado democrático desarrollado que supo suceder en el tiempo a un abominable modelo totalitario y genocida.

Esperábamos que el tiempo consolidara las instituciones y el país alcanzara la mayoría de edad política; que España pasara del blanco y negro al color, progresando en libertad, en el marco del estricto cumplimiento del ordenamiento. Transcurrido ese tiempo, nuestra Constitución ha superado la cuarentena, pero creo que las cosas no han evolucionado todo lo que debieran. Es obvio que hemos mejorado, y mucho, pero dudo que gocemos en España del grado de madurez que Alemania ya tenía a finales de los ochenta.

La Constitución alemana articuló la transición del caos a la democracia, manifestando las miserias de su historia más reciente para, sobre ellas, desterrar su repetición. Ha experimentado cientos de reformas, y los cambios no la han debilitado; sirvieron para fortalecerla en el marco de una sociedad cambiante. Además, Alemania, que es un Estado nuevo, unificado hace siglo y medio, se rige desde 1949 por un modelo federal en el que las tensiones territoriales no generan problemas sustanciales para su unidad.

Abundan los ejemplos que distancian a dos sistemas que, paradójicamente, parten de los mismos principios. Tal vez, la razón de estas diferencias no derive de la letra de las leyes, sino en la forma como se viven. ¿España es, realmente, un país de hábitos constitucionales? Ningún partido ha gobernado en solitario en Alemania desde la creación de la República Federal. Mientras, en España hemos usado la bandera común durante décadas para enfrentarnos, e invocamos la Constitución según y cuando nos conviene; se propone amarrar futuras mayorías absolutas regalando un bonus track de 50 diputados, o se amenaza con la convocatoria de nuevas elecciones, mirando de reojo al CIS. Aprendemos muy despacio.