16 agosto 2022
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Jóvenes nómadas

17 jun 2022 / 03:00 H.

    Hace pocas semanas leía en este nuestro periódico la queja de los hosteleros de Salamanca debido al grave problema de falta de mano de obra con el que se encuentran en estos momentos. Esa dificultad para conseguir trabajadores no es exclusiva de esta provincia, sino que se extiende a las limítrofes, como Ávila o Madrid, por citar tan solo dos ejemplos. Y, mira por donde, en Australia, donde me encuentro estos días, viven una situación similar.

    Hasta tal punto llega la cosa que, en un pequeño pueblo cercano a Melbourne, el propietario del pub-restaurante-centro de reunión en el que comí el domingo ha decidido vender el negocio, porque, según nos contó, no hay manera de hacerse con personas que quieran trabajar, tanto en la cocina como en la sala. Y no será porque la retribución es baja, ya que un camarero está cobrando de media, al cambio actual, unos treinta euros la hora, lo que da una cantidad, suponiendo que se trabajen 40 horas a la semana, que suele ser más, de 1.200 euros semanales. También es verdad que la vida por estas tierras es cara y más para los europeos, porque el euro se ha depreciado en relación con el dólar de Estados Unidos y, de paso, con el dólar australiano.

    En estos días me he encontrado también con un gran número de hispanoparlantes trabajando en la hostelería. Hay argentinos, uruguayos, chilenos y también colombianos. Como decía uno de ellos, parece como si Colombia se estuviese quedando vacía. Este colectivo se divide a su vez en dos grandes grupos. Uno está compuesto por los que se han venido hasta Australia buscando una oportunidad que no tienen en su tierra: quieren asentarse aquí y quedarse unos cuantos años, por no decir siempre. Y el otro grupo es el que bien se podría denominar de jóvenes nómadas, que han salido de su país a conocer mundo. Están ahora en Australia y antes en Nueva Zelanda o en España y Alemania, trabajando en la hostelería o en el campo durante las campañas de recogida de frutas o en la vendimia. “Laburan”, como diría un argentino, unos meses, ahorran una cantidad de dinero, se compran un coche o una furgoneta y recorren el país en cuestión hasta que se acaba “la pasta” y vuelta a comenzar. Echan así algunos años, conocen tierras y personas nuevas y, luego, Dios dirá.

    Algunos de ellos estaban metidos de lleno en un proceso de ahorro para marcharse a Doha, la capital de Qatar, un par de meses a partir de noviembre a disfrutar del mundial de futbol. Llegados a este punto de la conversación, he preguntado en varias ocasiones por lo que harían después y la respuesta ha sido la misma: “Ya veremos, pero continuaré así algunos años más, porque si no lo hago ahora, ¿cuándo lo voy a hacer?”. Insisto, no son ni uno ni dos, sino bastantes más. Como dijo El Guerra “hay gente ‘pa tó’”.

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