28 enero 2023
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Hartazgo docente

24 nov 2022 / 03:00 H.

    Cuando un gobierno aspira a destruir una nación, además de derribar las estructuras del Estado, resulta fundamental atacar la enseñanza y colocarla al servicio del proceso revolucionario. Está en todos los manuales del comunismo real y tanto Pedro Sánchez como sus compañeros bolivarianos lo sabe, por eso se dieron toda la prisa del mundo para aprobar la Ley Celaá sin consenso y sin debate, para empezar cuanto antes a esculpir las mentes de los niños según su ideología de extrema izquierda.

    La LOMLOE sanchista ha venido a destruir lo poco o mucho de bueno que aportaba la LOMCE del ministro Ignacio Wert, apoyándose en la filosofía de “la ignorancia al poder”, el barrido de cualquier atisbo de meritocracia y la imposición de los criterios de la ideología radical de género y seudoecológica.

    No contentos con semejante destrozo, los dirigentes sanchistas-bolivarianos han provocado con sus prisas el hartazgo y el cabreo de los docentes, obligados a reinventar a toda velocidad los programas del nuevo curso. Es verdad que la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León se ha tomado con toda la calma del mundo la elaboración y aprobación de los currículos, en una actitud obstruccionista ciertamente irresponsable, pero el mal de fondo llega desde los oscuros despachos del Ministerio de Educación y Formación Profesional que diseñó el engendro.

    Un sondeo publicado ayer en este diario confirma que los maestros y profesores de Salamanca están desbordados por el papeleo y los cambios del sistema, pero también los padres estamos hasta la coronilla de que utilicen a nuestros hijos como conejillos de indias de la ingeniería social de un gobierno que ha pasado de estar apoyado por quienes trabajan para destruir España a liderar las tareas de demolición.

    En los colegios de la provincia los enseñantes, como los del resto de la Comunidad, han tenido que empezar a dar clases sin tener claros los contenidos, la programación y los criterios de evaluación para este curso. Es como avanzar a oscuras hacia un destino desconocido. Sin un programa docente, la buena voluntad y el esfuerzo suplementario han venido a tapar el agujero provocado por la desidia de las administraciones. Mientras que otros años tenían el verano y los primeros días de septiembre para cumplir con las complicadas exigencias de la burocracia, este curso los maestros y profesores tienen que seguir dando clase, poniendo y corrigiendo exámenes, y a la vez elaborar un programa didáctico cuyas directrices desconocen, porque hasta hace cuatro días no han comenzado los cursillos de adaptación a la LOMLOE.

    Al final, sea el próximo mes de diciembre o en febrero de 2023, los programas estarán en marcha, pero eso no evitará las dañinas consecuencias de la aplicación de la nueva Ley, pensada para acabar de destruir la autoridad del profesor y para imponer el coladero a todos los niveles, permitiendo el paso de curso sin límite de suspensos e igualando a todos los estudiantes por abajo.

    Los disparates de la “Ley del sí es sí”, el escándalo de la reforma del Código Penal para eliminar la sedición o para rebajar la malversación son atentados contra la convivencia y la paz entre los españoles, pero, a diferencia de la Ley Celaá, tienen remedio si Alberto Núñez Feijóo cumple su compromiso de tumbarlos cuando llegue al poder. Sin embargo, el daño que causará la LOMLOE mientras esté vigente no tendrá remedio. Este invento de evaluar las “competencias” de los alumnos en lugar de los conocimientos que se aplica este año ya a la mitad de los cursos, será la guinda del pastel.

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