02 julio 2022
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Fracaso europeo

28 mar 2022 / 03:00 H.

    El arte de la política según Sánchez consiste en buscar problemas donde no los hay, partir de un análisis erróneo y aplicar soluciones contraproducentes. El conflicto del transporte constituye un paradigma de esa espectacular capacidad del Gobierno socialcomunista para equivocarse incluso cuando corrige el tiro. No supo calcular el peso de la Plataforma de Defensa del Sector del Transporte, a cuyos miembros calificó de ultraderechistas seguidores de Vox, pensó que tendría controlada la calle amamantando con subvenciones a los sindicatos mayoritarios y anunció medidas para frenar a los huelguistas que no han sido aceptadas por quienes están al volante de las protestas. Peor imposible.

    Este Gobierno que nos ha tocado sufrir no está hecho para arreglar nada, sino para encontrar la manera de echarle la culpa a otros. Esa forma de hacer política es un arte, y a Sánchez le ha servido durante demasiado tiempo. Gracias al apoyo de los medios de comunicación vendidos al sanchismo y merced a una ciudadanía sometida por los golpes de las crisis económicas y sanitarias de los últimos años, ha ido capeando temporales hasta que la realidad se ha impuesto a sus fantasías.

    Así hemos alcanzado al punto sin retorno en que la inflación galopante y el desabastecimiento de los mercados están destrozando la economía de las familias y el Ejecutivo se ha quedado sin excusas. El último revés para Sánchez ha sido la negativa de la UE a facilitarle una salida conjunta al encarecimiento de los precios de la energía. El peregrino del Falcon ha recibido el desprecio y el ninguneo de sus homólogos europeos y, pese al intento de vender como un éxito lo que ha sido un fracaso rotundo, lo cierto es que el presidente español no ha recibido el respaldo en su intento de socializar la responsabilidad en la aplicación de medidas para abaratar los precios del gas y la electricidad. Ha estado dos semanas viajando por todo el continente, olvidándose de los graves problemas domésticos, y no ha obtenido más que lo que la UE ya ofrecía antes de su periplo: la posibilidad de limitar los precios y cargar con los costes de esa rebaja.

    Le han dejado solo (junto a Portugal) en ese terreno, y a la vez le han colocado por delante la barrera de la Comisión europea. Ninguna medida podrá aplicar el Gobierno sanchistacomunista sin el visto bueno de Bruselas. Los planes que aprueben Madrid y Lisboa tardarán semanas en poder aplicarse y además serán controlados por la UE. El sueño de una solución conjunta, avalada por los veintisiete, se ha venido abajo como un castillo de naipes y de nada le ha servido a Sánchez levantarse de la mesa en la que se negociaba la salida a la crisis energética. El presidente español sigue siendo un apestado en Europa, y más ahora que tener a comunistas empotrados en el Consejo de Ministros ha pasado a considerarse un signo evidente de connivencia con el invasor, asesino y sátrapa ruso. La prueba de esa marginación evidente es la foto de los mandatarios de la OTAN en la que el líder del Ejecutivo español aparece perdido en una esquina, apartado al lugar reservado a los personajes contagiosos.

    Si alguna esperanza tenía Sánchez de recolocarse en un puesto de relumbrón internacional cuando los españoles le echen a patadas, las imágenes y los hechos de los últimos días le han tenido que devolver a la cruda realidad de sus miserias. Ni presidente de la Comisión Europea, ni de la ONU, ni de la comunidad de vecinos de su barrio. A los españoles nos ha costado unos años percatarnos de la maligna calaña del personaje, pero en Europa y en el resto del mundo le han calado con rapidez. Es más falso que una moneda de tres euros, tiene menos fundamento que una sopa de fichas de parchís y en lo único que destaca es en el desmesurado y altísimo concepto de sí mismo.

    Daría pena si no fuera porque su narcisismo y su ineptitud nos condenan a seguir caminando hacia el abismo.

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