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Me lo preguntan casi a diario y lamento muchísimo no poder responder como quisiera. No, no creo que Europa vaya a llamar a capítulo a Pedro Sánchez para propinarle un pescozón y obligarle a enderezarse, devolviendo así su legislatura a la senda de la legalidad y poniendo orden en el caos que hemos sembrado nosotros con nuestros votos. Es lo que tiene Bruselas, que respeta las elecciones democráticas. No creo que haya una reacción tan drástica como para parar los pies a Pedro el Necesitado y sus siete virtuosos votos de más. No al menos a tiempo. Al llegar a este punto de la respuesta, el del llanto y el rechinar de dientes, me veo obligada a explicar lo siguiente.

La vía europea de resistencia tiene dos calles: la política y la judicial. La primera está prácticamente perdida de antemano por dos motivos. El primero es que ya no tenemos a Merkel. En octubre de 2017, cuando desde Cataluña se solicitaba un mediador europeo que supervisase una hipotética negociación entre Rajoy y Puigdemont, Merkel sentenció que se trataba de «un asunto interno de España que debía ser solucionado en España y de acuerdo a la Constitución española«. Y cuando Merkel decía algo, todo el mundo escuchaba porque todo el mundo necesitaba algo de ella. Así que nadie desentonó. Pero eliminada Merkel de la ecuación, en el mercado que es Bruselas, en el que todo es negociado y negociable, aquí el que tiene cartas para intercambiar es Pedro Sánchez. Ese es el segundo motivo. Claro que es posible un intenso trabajo diplomático, una faceta en la que se echa de menos, por cierto, una Delegación Permanente de Castilla y León ante la UE con bastante más fuelle de actividad y contactos. Otro gallo nos cantaría en muchos sentidos.

Nos queda, por otro lado, la estrecha calle judicial, que es empinada, tortuosa y muy larga. Esto lo explica muy bien Araceli Mangas: el Tribunal de Justicia de la UE puede examinar, bien a iniciativa de la Comisión Europea y previo expediente de infracción a España, o bien a iniciativa discrecional de un juez español ante el que se presente una solicitud de amnistía, una vez aprobada la ley, si su aplicación choca con la normativa europea o si respeta la independencia de los jueces.

Más que una vía, se trata de un vía crucis. Para cuando lleguemos a la última estación, será ya imposible volver a la situación previa al latrocinio. Habrá daños irreparables, a pesar de que los tribunales, no me cabe duda, terminarán defendiendo el Derecho. Por eso, aun sin soluciones relámpago, merece la pena ondear banderas europeas en cada una de las siguientes manifestaciones, que no deben dejar de ser convocadas.

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