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Opinión

Zurrar la badana

El lenguaje castrense tiene plena carta de naturaleza en todo tipo de debates y, de manera especial, en los de hondo calado político

Domingo, 5 de mayo 2024, 05:30

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Existen muchas expresiones populares cuya vigencia va declinando poco a poco y caen en el olvido a medida que los usuarios dejan de utilizarlas; o simplemente van desapareciendo a causa de las inexorables leyes de los tiempos, las modas y la edad de los hablantes. Cronologías y necrologías desempeñan su papel en estos lances lingüísticos, sociológicos y diacrónicos. Casi sin darnos cuenta recurrimos a menudo a frases o dichos propios de un determinado campo semántico sin ser muy conscientes de ello, porque, en su mayor parte, dichas locuciones están muy interiorizadas debido a los siglos que han habitado entre nosotros. Ni al más concienciado pacifista le rechinaría el oído si al preguntar por un lugar determinado su interlocutor contestara: «Está a tiro de piedra». En cambio, el alumno descontento con la nota sí que se sorprendería si el profesor mascullara: «Pues a protestar, al maestro armero».

El léxico de la milicia tiene un gran arraigo histórico. De ese vocabulario poseemos abundantes ejemplos en el Quijote, donde entre cientos de ellos nos encontramos con la curiosa expresión de «dar batería». Le dice Don Quijote a Sancho en la segunda parte de la obra: «Te darán batería hasta derribarte», es decir, te atacarán con fuerza. Puede sorprender que hoy día en determinados contextos legales de Estados Unidos la palabra «batería» (battery), además de las habituales acepciones militares, conlleva la de agresión sexual con las correspondientes penas inherentes a tan grave delito.

El lenguaje castrense tiene plena carta de naturaleza en todo tipo de debates, y de manera especial en los de hondo calado político. «¡No pasarán!», se desgañitaba acaso imbuido de nostalgias guerracivilistas, un enardecido parlamentario de armas tomar ante el (vano) temor de que «el puto amo» hubiera decidido escurrir el bulto y poner pies en polvorosa tras unos días de calculada y extravagante reflexión espiritual. Cuando al quinto día se hizo la luz y decidió regresar a trompa tañida a sus cuarteles para volver a la carga, el líder de la oposición respondió con un «vamos a utilizar toda nuestra potencia de fuego». Así lo recogía la prensa del lunes 30 de abril. Se trata, por fortuna y para tranquilidad de todos, tan solo de artefactos verbales.

Hacemos uso con incontrolable vehemencia de la más manida terminología guerrera: esta batalla la vamos a ganar, somos objeto de guerra sucia, guerra preventiva, guerra santa, guerra fría, sufrimos fuego amigo, etc. Habría que pedirles a los rivales políticos más encarnizados que, en vez de zurrarse la badana y repartir mandobles metafóricos en los diversos foros, entierren el hacha de la guerra y fumen la pipa de la paz, porque está más que demostrado que las armas las carga el diablo. Y aquí paz y después gloria.

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