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Opinión

El olor del dinero

Clama la atención que en su día el presidente Zapatero pudiera comprender los arcanos de la economía con un par de lecciones

Domingo, 2 de junio 2024, 05:30

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Se dice que durante una de las estancias de Erasmo de Roterdam en Amberes, un amigo suyo, banquero y comerciante de éxito, apellidado Schetz, trató de explicarle al gran humanista los intríngulis del dinero y las razones por las que las monedas, siendo las mismas, podían tener un valor distinto en cada país. Parece ser que a Erasmo le debían algún salario de los tiempos que pasó como docente en Inglaterra, y no atinaba a comprender por qué los dineros adeudados tenían menos valor en Flandes. El banquero vino a decirle más o menos que en el plazo de un año, si seguía sus lecciones, llegaría a comprender en su plenitud los misterios de la nueva economía europea. No hay que olvidar que por esa época (primera mitad del XVI) Amberes era el centro económico y comercial de Europa después de haber desbancado a Brujas, como lo atestiguaba la construcción del primer edificio de la Bolsa. El dinero parecía haber usurpado el poder de la religión, la judicatura y la nobleza a la hora de configurar la cultura dominante. No hay constancia de que Erasmo llegara a captar en todas sus dimensiones unos vericuetos financieros que, a pesar de su gran sabiduría filosófica y teológica, escapaban a sus privilegiadas entendederas.

Si una mente tan poderosa se mostraba reticente a asimilar conocimientos tan complejos, llama la atención que en su día el presidente Zapatero pudiera comprender los arcanos de la economía de todo un país del siglo XXI con un par de lecciones que le ofrecía uno de los expertos de cabecera (al que luego haría ministro). No parece ser el caso de Sánchez, que no solamente dominaba la materia, sino que fue capaz de que le escribieran nada menos que una tesis doctoral al respecto, tesis que confío en que algún día, cuando se haya retirado de la política, tenga tiempo de leer y enterarse de lo que varios negros escribieron por él.

El dinero todo lo mueve, y si no es lo más importante en la vida, es casi lo más importante, una vez garantizada, lógicamente, la salud. Cuando mi abuelo, allá en los años cuarenta oía la frase «…en habiendo salud…» se rebrincaba y respondía: «Coño, salud es lo que sobra; lo que no hay es qué comer». No sabía el pobre que para hacer dinero hay que seguir ciertas reglas inamovibles: actuar rápido, tener buenos contactos y aprovechar cada oportunidad que se ponga por delante. Como en la política. Ejemplos de este tipo de comportamientos no faltan a poco que escrutemos la realidad del entorno, tanto en lo político como en lo financiero. Los cínicos siempre pueden recurrir a Juvenal cuando afirmaba que lucri bonus est odor ex re qualibet, o sea, bueno es el olor de la ganancia, venga de donde venga. Yo diría que es un principio adoptado a pies juntillas por quienes (des)gobiernan y administran nuestros votos.

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