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Opinión

Puente busca un asesor

Sábado, 4 de mayo 2024, 04:55

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Puente me ha decepcionado. Esperaba un tipo duro que usa las redes sociales con agresividad para buscar relevancia, como él mismo reconoció ayer en Salamanca. No insultó a nadie. Ni siquiera a Mañueco. Tampoco arremetió contra la extrema derecha, objetivo prioritario de un Tudanca irrelevante en la primera jornada de la escuela de Gobierno del PSOE. Tampoco cuando le preguntamos qué pasa con los Alvia que nos han robado o si había venido en tren a Salamanca mostró su habitual agresividad por las incómodas preguntas. Nada de lo que se esperaba de un ministro que se dedica a bloquear a los que no piensan como él como «medida terapéutica». Él se relaciona con quien quiere a través de las redes sociales, pero si le insultan, pues los bloquea y aquí paz y después gloria. Así se mostró ayer Óscar Puente delante de los entregados militantes socialistas a los que ayer dio una clase magistral del uso de las redes sociales, especialmente de «X», donde se defiende como pez en el agua. Ayer se mostró tal que Platero «peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos».

Como debe tener poco trabajo en el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, Puente se declaró un aficionado a «TikTok», pero ignorante. De hecho está buscando un asesor porque no consigue los seguidores deseados cuando sube un vídeo. Su hija de dieciséis años es la que le está dando algunos consejos, aunque para él el mejor consejo es que cada uno sea él mismo. Sin miedo, porque hay gente muy mala que ha llegado a lo más alto». Estoy segura de que no lo dijo pensando en el «puto amo» Pedro Sánchez. Nos confesó que no ha estado en la conspiración socialista que lo situaba a él como uno de los sucesores de Pedro Sánchez después de pegar cinco días la gran «espantá» a España, como el torero Juan Ortega, que dejó a la novia a los pies del altar.

Óscar Puente está demasiado comedido para ser Óscar Puente, el dóberman al que Sánchez mandó a amedrentar al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, cuando se presentó a la investidura tras ganar las elecciones del 23 de julio del año pasado.

Los asesores del ala izquierda de La Moncloa han tocado a rebato tras el gimoteo impúdico del presidente por los supuestos bulos contra su mujer, Begoña Gómez, a la que han denunciado en un juzgado por corrupción y tráfico de influencias. Toca comportarse como niños de primera comunión después del primer examen de conciencia, aunque el primer bulo descarnado ha sido el del propio presidente del Gobierno, quien el mismo día que sollozó ante un plasma inerte, en intervención grabada no se sabe cuándo, se fue de estudio en estudio diciendo que Feijóo quería que su mujer se quedara en casa y con la pata quebrada. ¡Pobrecita!

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