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Con todo lo que me gusta meterme en cualquier tipo de charcos, no acabo de comprender cómo se me había pasado opinar puntualmente de «Zorra», la canción que este año eligió RTVE como candidata al festival de Eurovisión, ese espectáculo, reconozcámoslo también, cada vez más pomposo, hortera, afectado y con frecuencia grotesco, alejado de las canciones escritas con el alma, pero conservando una audiencia multimillonaria y que una vez por año nos congrega delante del televisor para dejarnos bastante perplejos y con los ojos como platos.

Lo primero que quisiera confesar, precisamente ahora cuando salen de la cueva todos los sabios del «ya te lo advertí yo» y que ya sabemos que la canción cosechó un rotundo fracaso en las votaciones tanto de los expertos del jurado como de los viscerales dueños del televoto, es que particularmente me gustó bastante «Zorra» y que si acaso me sobró en la coreografía algún culo masculino que aparecía por ahí sin venir mucho a cuento, intuyo que como tributo al lobby que maneja el cotarro desde hace algún tiempo.

Me gustó «Zorra», en primer lugar, por el puñetazo en la mandíbula de los más estirados y reaccionarios, que supone su desvergonzado y directo título. En segundo lugar, porque nos la servían cantado por una voz normal y corriente sin demasiada técnica vocal, después de tantos años haciendo apología de las portentosas y desmesuradas cuerdas vocales de unos intérpretes mucho más interesados en epatar con sus gritos en la zona alta del pentagrama y presumir de sus poderosos músculos fonadores que de emocionar y transmitir.

En tercer lugar, por su mensaje de feminismo y empoderamiento femenino ante la habitual nadería insustancial de las canciones elegidas habitualmente.

Y finalmente también me gustó que por fin se habilite a intérpretes de una edad madura, habitualmente vetada en este tipo de certámenes (esto solo ocurre en España) como si la experiencia y la sabiduría no fueran un grado sino el desperfecto y la lacra que los artistas han ido adquiriendo a medida que cumplían años.

Desde aquí por tanto, mi humilde enhorabuena a la pareja de Nebulossa y mucho ánimo para que sigan fabricando muchas más canciones como «Zorra» con las que seguir tocando las narices a todos los defensores de la moral y las buenas costumbres, del machismo recalcitrante y controlador, de los expertos en técnica vocal incapaces de salirse ni un milímetro del tono y de los practicantes del edadismo más injusto y modorro.

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