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Si acaso quisieran ustedes hacerse una idea aproximada del nivel de pluralismo político, libertad y dosis de tolerancia que anida en el partido que según las encuestas liderará supuestamente el próximo gobierno, repasen con detenimiento las declaraciones que estos días han venido formulando algunos de sus líderes (o ex lideres incapaces de aceptar que su tiempo pasó) sobre la que será la próxima presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola. Y deténganse con calma en esas veladas amenazas y persistentes presiones a las que se ha visto sometida.

Bastó que la ilusa y cándida María Guardiola expresara con sinceridad ante sus votantes los muchos problemas de conciencia que le planteaba el hecho de tener que sentarse a negociar con un partido que, entre otras cosas, declara oponerse a cualquier medida de lucha contra el cambio climático. Un partido que intenta por todos los medios recortar los derechos más elementales de colectivos como el del LGTBI o los inmigrantes y que además se vanagloria de no creer en el propio Estado de las autonomías que vertebra la Constitución española, asunto que sin embargo, no le impide exigir consejerías y vicepresidencias. Un partido, por no extendernos más, que hasta niega algo tan esencial como la misma existencia de la violencia de género independientemente de que a diario nos estemos desayunando con un asesinato machista.

Junto a esas presiones y amenazas, el copioso diluvio de insultos, vituperios y menosprecio provenientes de ese fuego amigo disparando flores a María, nos deja colgados en el cuarto oscuro del partido al que pertenece, los negativos del que pudiera ser el mejor retrato de sus actuales dirigentes.

Allá por el 2016, todos alucinábamos con que un personaje de la catadura moral y política de Donald Trump, inspirador de esta ultraderecha montaraz que ahora padecemos por estas latitudes (en Castilla y León en rigurosa primicia), pudiera haber conseguido la cantidad de votos que cosechó. Todo ello en un país que nos parecía aparentemente civilizado y presumía de una larga tradición democrática. Aunque como vimos, allí la cosa acabó como el rosario de la aurora ahora esas mismas políticas que entonces nos parecían tan cafres y salvajes, comienzan a colarse en nuestras instituciones legitimadas y blanqueadas por aquellos que simulan estar en contra pero a las que se aferran como lapas con tal de llegar al poder.

Justo lo que tanto criticaban del sanchismo. En fin, a ver cómo nos venden ahora la película.

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