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En recuerdo de Paul Auster

Dicen que Sánchez tiene que ser un tío inteligente para haber llegado donde ha llegado, para sobrevivir como sobrevive, y para mantenerse en el poder como se mantiene, y aunque yo no lo creo, cierto es que la gente tiende a confundir maldad con inteligencia y de ahí que se vote como se vota. Destruirlo todo con un «bulldozer» por cerebro tiene poco de inteligente y sí un mucho de Charles Mason, arropado en su comuna por todo tipo de vividores, fanáticos y «groupies», cuya presidenta no puede ser otra que María Jesús Montero. María Jesús Montero abriendo paso al rebaño se llama el lienzo…

Pero el problema de que la maldad se haya apoderado del poder en España desde el año 2004, con el advenimiento de Zapatero y sin que el paréntesis de Rajoy sirviera para contener la gangrena totalitaria, es que el «sanchismo» y sus satélites liberticidas han perdido ya todo miedo, todo pudor, toda vergüenza. Asaltar las instituciones para ponerlas al servicio exclusivo de la dictadura que viene es, para ellos, «lo normal». Por situarnos desde la misma izquierda, comparemos nuestro presente con Felipe González y sus gobiernos, apoyados aún entonces en la inteligencia y los valores intelectuales, morales y democráticos, mezcla de la disciplina franquista y las ganas de volar. Hoy, Sánchez sólo se sirve del «bulldozer» de su cabeza para arrasarlo todo: la Historia, la concordia, el bienestar, y por supuesto el normal funcionamiento institucional democrático que empieza no por el rey o el Parlamento, sino por la Justicia y su independencia.

Sánchez y los suyos ya han dado sobradas muestras de ignorar a la jefatura del Estado, al Parlamento, y a los necesarios contrapoderes, como la prensa, a la que no dudan con apuntar con nombres y apellidos desde el mismísimo Gobierno. Pero el gran problema está en la Justicia, amenazada, coaccionada, presionada e insultada por el poder político a diario con el único fin de reventar el orden constitucional y con Conde-Pumpido al frente del batallón Sánchez.

La Justicia es el enemigo a batir, la primera en la lista negra de este Gobierno, de este «nuevo orden» español, sencillamente porque es la única que puede frenarle y de ahí numeritos como el del «presidente enamorado», montado como cortina de humo frente a la acción judicial que intenta caer con todo su peso sobre corruptos y golpistas, estén o no enamorados.

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