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LOCAL Y GLOBAL

Adieu, Camille

Hoy, lo nuevo ya es viejo y las preguntas las hace una aplicación. Nuestra libertad ya depende de una clave, de un pin

Jueves, 28 de marzo 2024, 05:30

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Acto 1. El otro día vi morir a Brigitte Bardot. Una metáfora rotunda, cabello rubio sobre rojo «Alfa Romeo», del enterramiento definitivo del siglo XX. Adieu, Camille.

Acto 2. Hoy es Jueves Santo: un poco de introspección no nos vendría mal. No se asusten, sólo son ustedes ante la soledad en uno de esos días de tormenta frente al océano revuelto. Sólo eso.

Acto 3. Aún mejor: hagamos examen de conciencia. No busquemos más, en la conciencia está todo, imposible huir.

Interludio. Una gaviota aterriza como un «Harrier» sobre un portaviones. Extraordinaria rutina. Observar es el mejor yoga.

Desenlace. Por supuesto que estoy bajo los efectos de la «nouvelle vague», bajo qué otra cosa para sobrevivir a estos tiempos de confusión y simpleza. Se echa de menos aquel mundo de preguntas, preguntas y más preguntas, y que aún sin respuestas construían algo; ocurría en el cine, en la ciencia, en las relaciones humanas, en el arte, en la filosofía. Ocurría todo el tiempo: el mundo era un tubo de ensayo y la vida lo más parecido a un entrenamiento para aprender, para aprender algo. Hoy, lo nuevo ya es viejo y las preguntas las hace una aplicación. Nuestra libertad ya depende de una clave, de un pin.

Por eso mi tormenta cerebral está llena de rayos espirituales y truenos que recuerdan la necesaria ansia de libertad, como la dibujada en la cara de Brigitte Bardot ante la cámara, sus labios, sus dientes, su pelo suelto revuelto, su pelo recogido revuelto, su cuerpo al sol, su insolencia. Brigitte Bardot, Homero, Ulises, Penélope, Fritz Lang, Michel Piccoli, Jean-Luc Godard… Con este plantel, ¿quién necesitaría tomar drogas? ¡Qué mundo perdido de preguntas y vericuetos emocionales!

Siento que hoy, Jueves Santo, es un día muy «nouvelle vague», lo interior y lo más «kitsch» unidos en el alma y en la retina. Torrente de preguntas entre el ruido y el silencio. Y más allá de la religión, Jesucristo Superstar. Al final de la escapada (filmado de nuevo por Godard) ante el mismísimo Dios. Siento que es necesario sentir, porque siento que perdemos esa capacidad y me horrorizo, algo así como estar la otra noche sobre el puente de Baltimore cuando se fue abajo. Caes y caes.

«El desprecio» se llama la película de 1963 en la que muere Brigitte Bardot junto a Jack Palance. Y yo estaba allí, delante de la pantalla. Adieu, Camille.

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