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Opinión

25 de abril

Cincuenta años son un suspiro de años y yo aún permanezco anclado a esa idea romántica de la Libertad

Jueves, 25 de abril 2024, 05:30

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25 de abril de 1974. Hoy, en un suspiro, cincuenta años. Aún niño en el «Francisco de Vitoria», recuerdo aquellos días con claridad y mucha adrenalina, pues gracias a mis padres viajábamos mucho y el camino a Lisboa, toda una larga aventura de tortuosas carreteras mal alumbradas por los focos del «1500» verde botella de mi padre-, era mi preferido. Recuerdo aquel 25 de abril, deseaba estar en Lisboa, mi metrópolis soñada; quería que me llevaran -imagino que mi mamá me diría aquello tan socorrido de «¿estás tooonto, o qué te pasa?»- quería irme en tren (oohhh, aquel tren desde Salamanca), pues me podía mi ansia de ver, y de contar cosas, que es a lo que felizmente me dedicaría y que hoy, el destino y mi ansia aún en pie me traen hasta aquí, hasta mi periódico, hasta ustedes. Soy un consciente y agradecido hijo de la libertad. En aquellos días, una cosa estaba clara: lo mejor estaba por venir. Hoy, lamentablemente, ignoramos el pasado, cuando no nos lo borran, y el futuro es un profundo y oscuro barranco.

En este 25 de abril la emoción me embarga, pues aquel día me marcó, sentí su grandeza, el crujido de la Historia bajo mis pies: hoy puedo mirar hacia atrás a imaginarme en la avenida de la Liberdade, mi maravillosa avenida entonces destartalada, vitoreando a los blindados dirigidos por el joven y guapo capitán Salgueiro Maia camino de la Plaza del Comercio. Sirva el topicazo: Portugal fue una fiesta. La «Revolución de los Claveles», una revolución única hecha de gente y de flores y de la que me hizo sentir parte mi director en el diario «O Primeiro de Janeiro», de Oporto, Pedro Feytor Pinto, al incluirme en su libro «Na sombra do Poder». Feytor Pinto fue portavoz del Gobierno de Caetano y uno de los protagonistas del fin de la dictadura en el Largo do Carmo, sede de la GNR (Guardia Nacional Republicana).

Cincuenta años son un suspiro y yo aún permanezco anclado a esa idea romántica de la Libertad, a caballo entre Tintin y James Bond; anclado a una revolución que, como dice la escritora Lídia Jorge (semanario «Sábado», 18 al 24 de abril) «ha atravesado fronteras, transmitido esperanza y vitalidad amorosa, en un mundo que tanto carece de ella».

Cincuenta años después, el camino a Lisboa es un paseo, pero «a luta continua», y hoy más que nunca, amenazada como está nuestra libertad.

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