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Cuando hace unos años, llevé a mi primera hija a la guardería, descubrí la existencia de «el rincón de pensar». Me llamó mucho la atención que existiera un espacio de esas características del que no había oído hablar en mi vida. Esa zona del aula quedaba reservada para desahogar pataletas, lloros, berrinches o enfados y para purgar trastadas, peleas, encontronazos y maldades. El profesor enviaba allí a cualquiera que se viera envuelto en un conflicto, para que pensara sobre lo ocurrido e interiorizara el propósito de enmienda. Me pareció muy buena idea eso de enseñar a los pequeños a contar hasta diez y de educarles en la meditación de sus acciones y en el porqué de las consecuencias. Después leí que el creador del espacio había sido un psicólogo estadounidense llamado Arthur W. Staats, y también que su técnica tenía detractores, que consideraban que solo sirve para señalar y apartar al pequeño, en vez de para solucionar el conflicto.

Más allá de ese debate psicológico, podríamos decir que los españoles mandaron al «rincón de pensar» a Pedro Sánchez el pasado 28 de mayo. Y también que el presidente, lejos de reflexionar, decidió revolverse y salir de la esquina de madrugada para elevar la apuesta a un todo o nada. Y aquí nos tiene hoy, en este rincón forzado llamado jornada de reflexión.

Los dos grandes partidos fían su suerte a los 150 escaños. El PP parte de ese número de diputados para desalojar a Sánchez de La Moncloa, aunque creen que serán más. El escenario que prevén es un mal resultado de los socialistas, que podría precipitar la salida de Sánchez también del PSOE, e intentar negociar su abstención con la gestora que se haría cargo del partido. Y si están más cerca de los 160, piensan que podrían sumar a otros partidos minoritarios, para quedarse a unos pocos diputados de la mayoría absoluta, lo que haría casi inimaginable el bloqueo de Vox en una segunda votación, con más síes que noes.

En Moncloa, también van a por el 150. Sus cálculos pasan por que el PSOE y Sumar, alcancen esa cifra juntos, para después llegar a los 170 con los que han sido sus socios habituales en el Congreso. De esa forma, también podrían alcanzar la investidura en una segunda votación, siempre y cuando el PP y Vox no lleguen a ese número de escaños juntos.

Pase lo que pase, lo único que a esta hora parece claro, es que la vida política sigue partida en dos bloques, irreconciliables y antagónicos. Y por eso, en esta jornada de reflexión me pregunto, ¿llegará el día en el que veremos a los dos grandes partidos formar una gran coalición? Sería la mejor forma de espantar a todos esos fantasmas que acaban en «ismo» y que se llaman extremismo, populismo, nacionalismo o independentismo. Sería una técnica magistral para mandarlos al «rincón de pensar», que es donde deberían estar.

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