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A los terroristas de ETA siempre les gustó hacer listas. Las hacían de Policías, Guardias Civiles o de militares a los que llamaban eufemísticamente «objetivos». Anotaban sus nombres, direcciones o pistas que pudieran facilitarles el asesinato o el secuestro. Apuntaban sus rutinas para planificar la colocación del coche bomba o el tiro en la nuca y emprender después la huida hasta el siguiente crimen. En aquella época sus listados se hacían en base a información, vigilancias o chivatazos de los miles de cómplices que tenía siempre dispuestos a apuntarse un tanto ante los asesinos.

Con el paso de los años las listas de ETA, se fueron abriendo para que los terroristas pudieran llevar a cabo lo que llamaron de forma nauseabunda «socializar el dolor». Y entonces añadieron en su punto de mira a concejales, funcionarios de prisiones, empresarios o ciudadanos que por uno u otro motivo se cruzaron en su mente homicida. Hoy, algunos de esos mismos terroristas y su brazo político hacen otro tipo de listas. Y, paradojas de la vida, las elaboran para que los pistoleros, que antes mataban ediles, ahora puedan ser concejales.

Conviene recordar que ninguno de esos criminales, se ha reconvertido a político por convicción democrática. Como tampoco está Bildu en las instituciones porque crea en el sistema del que cobran la nómina. Los terroristas dejaron las armas porque acabaron derrotados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por la Justicia y por momentos por la unidad política. Y su brazo político encontró una vía para simular una transformación que le permite vivir del erario público, una vez acabado el chantaje y agotadas las posibilidades de tener un sueldo en base a la extorsión.

Pero si de algo se han podido aprovechar esos asesinos, más allá de un sistema legal garantista y de la falta de escrúpulos de algunos políticos, ha sido de la generosidad de las víctimas. Quienes sufrieron el zarpazo de la violencia nunca han reclamado venganza y sí memoria, dignidad, justicia y respeto. Y sin embargo, Bildu ahora les responde presentando a 44 etarras en sus listas del 28-M. Ninguno ha colaborado con la Justicia, ha pedido perdón o ha mostrado un ápice de arrepentimiento. Y encima hay dos que aspiran a ser cargo público en las localidades en las mataron a un policía, a un guardia civil y a un joven.

Si están en las papeletas es porque saben que así conseguirán más votos en esos pueblos donde añoran el terror. Al fin y al cabo ni Bildu, ni sus antecesores han engañado nunca a nadie. Por eso conviene que ni el gobierno, ni el resto de los partidos que pactan con ellos, pretendan mentirnos al resto o quieran dejar pasar esta infamia con el silencio.

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