29 enero 2023
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Esto no está para jetas

25 ene 2023 / 03:00 H.

    El teletrabajo ha demostrado ser una herramienta muy útil durante la pandemia, pero gracias a la covid, se han puesto de manifiesto muchas deficiencias y que no en todos los trabajos se puede aplicar de la misma manera. Desde luego quien pensaba, en marzo de 2020 cuando nos encerraron, que el teletrabajo había venido para quedarse, se equivocaba de cabo a rabo. La presencialidad, el contacto con otros compañeros, con los clientes, con los usuarios, con los ciudadanos no puede ser sustituido por una videollamada, una pantalla de ordenador o un teléfono.

    Tiene sus aspectos positivos, seguro. Entre otros, hoy, gracias a las nuevas tecnologías, la España vaciada, esa de la que los políticos solo hablan cada cuatro años cuando llegan las elecciones, tiene más oportunidades porque en determinadas empresas solo un ordenador te permite realizar el trabajo como si estuvieras en el mismo centro laboral, en una gran capital de provincia. Eso sí, siempre que haya buena cobertura técnica porque hoy, en la España rural, continúan con las mismas dificultades que hace una década con el tema de la señal móvil. Y llegarán las próximas elecciones y todos nos prometerán que habrá cobertura.

    Pero hoy, casi tres años después de la pandemia y de la regulación del Gobierno del teletrabajo en las empresas públicas por la crisis energética, muchos funcionarios se están pasado de frenada, abusando y lo estamos pagando los ciudadanos de a pie. Y la culpa no es de ellos, la responsabilidad de vigilar la buena atención a los administrados la tienen los políticos que están al frente de las administraciones y no velan por el cumplimiento laboral.

    Primero para evitar al máximo el riesgo de contagios y después por motivos de ahorro energético, seguimos funcionando con cita previa para determinados trámites administrativos cuando en muchas ocasiones los funcionarios están mano sobre mano o haciendo “trámites personales”. Vas a las ventanillas correspondientes y en la mayoría de las administraciones no te dejan ni pasar de la puerta y no porque no te puedan atender, sino porque es mucho más cómodo que nadie les controle y atender al día a un número de personas que les permitan evitar el “estrés” y no llevarse sofocos por colas interminables o quejas.

    Hace unos días, un trabajador tenía una cita telefónica con la Seguridad Social y mientras el funcionario de turno le explicaba que no podía atender su solicitud por fallos en el sistema, el ciudadano escuchaba de fondo la musiquita de unos conocidos grandes almacenes. En definitiva, el trabajador público estaba “teletrabajando” desde las rebajas del centro comercial. Seguramente será una anécdota y la mayoría de los funcionarios públicos de este país sean responsables y estén concienciados de que su trabajo consiste en facilitar la vida de los ciudadanos de a pie. Pero siempre hay un pequeño número de “aprovechateguis” a los que el covid y este Gobierno les ha venido a ver.

    Es verdad que no todos los puestos de trabajo tienen capacidad para que el trabajador que lo desempeña pueda hacerlo en remoto desde casa, pero en general se les ha reconocido la posibilidad de que al menos dos días a la semana puedan trabajar a distancia. La ministra María Jesús Montero ha avisado a los funcionarios de que no es un derecho y siempre será “temporal y reversible”, pero lo cierto es que será difícil revertir esta costumbre que tanto nos está perjudicando a los ciudadanos. Del venga usted mañana, hemos pasado a tirarnos al teléfono medio día para tener una cita, eso en el mejor de los casos, porque en muchas ocasiones hacer cualquier trámite requiere que pierdas varios días.

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