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He dejado pasar de forma deliberada unos cuantos días desde que en LA GACETA se publicaron furibundos ataques contra ese genio, luz que nos ilumina a todos, que se llama José Luis Escrivá, a la sazón ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, para abordar el asunto. Cuando leí esas informaciones, estuve a punto de darme de baja como columnista de este periódico. Pero ¿cómo se pudo publicar que no hay manera de que un sufrido ciudadano obtenga una cita presencial en las oficinas de la Seguridad Social? Eso es mentira, mentira y tres veces mentira. Si un contribuyente, a la par que agobiado administrado, desea, por ejemplo, jubilarse y necesita hacer una consulta, va, se presenta en la oficina de la Seguridad Social más cercana a su domicilio, llega y es “atendido” al instante. A eso se llama eficacia. ¿Cómo es posible que se pueda negar esa evidencia y se crítique a ese mirlo blanco gubernamental que es el “menistro” Escrivá? El hecho de que el ciudadano sea “atendido”, no por el funcionario especialista en la materia que corresponda, sino por el agente de seguridad privada que hay en la puerta, que le cerrará el paso impidiendo la entrada en la dependencias oficiales, es un tema menor. Lo importante es que será “atendido”, aunque no le resuelvan nada y le remitan a un número de teléfono y a una página en internet para conseguir una cita previa. Eso sí, ninguno de los dos instrumentos funcionan adecuadamente. Pero eso ya no es problema de Escrivá, sino vaya usted a saber de quién. Ganas de criticar por criticar.

El citado “menistro”, que apareció con la vitola de ser uno de los menos insensatos del equipo de Pedro Sánchez, junto a Calviño, Robles o Planas, está cosechando estos días grandes críticas por haber preparado una reforma de las pensiones sin contar con los empresarios, que son los que pagan la mayor parte de la cotización a la Seguridad Social. Por si esto fuera poco, esos cambios se basan en que los que aún trabajamos tendremos que poner más de nuestro bolsillo (todos, empresarios y trabajadores) para mantener el sistema. Y, por eso, porque nos va a dar otro “sablazo”, se critica a Escrivá. Son ganas de meterse con él, de forma inmisericorde. He escuchado a algunos decir que eso significará que no se creará más empleo y que puede que aumente el paro. Pero que insolidarios, a la par que injustos con el “menistro”. Ya puestos a criticar, propongo un cambio en el nombre de su departamento, que debería pasar a llamarse de Exclusión, Inseguridad Insocial y Emigraciones. La gestión que está haciendo se corresponde más con esta denominación que con la que tiene actualmente. ¡Pobres administrados, que somos todos! Nos fríen a impuestos, que suben y suben; nos aumentan las cuotas a la Seguridad Social y, cuando necesitamos algo, no nos dan soluciones, sino que ni siquiera nos reciben y atienden.

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