05 diciembre 2022
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El tren de la caridad

06 oct 2022 / 03:00 H.

    YA tenemos asegurado el tren gratis a Madrid, justo hasta que lleguen las elecciones generales. Qué alegría y qué ilusión, que Pedro Sánchez nos lleva de excursión... con el dinero de todos los españoles, claro. No devuelve a Salamanca la cuarta frecuencia del Alvia, aunque los trenes van a reventar, pero en su excelsa magnanimidad nos concede el beneficio de pagarnos el billete para obtener nuestra eterna gratitud, y de paso el voto cuando toque.

    Nuestro amado presidente del Gobierno no quiere ciudadanos libres sino súbditos, siervos de la gleba que deben y vida hacienda al señor feudal. Sánchez y su extensa nómina de ministros consideran que el dinero está mejor en sus bolsillos que en los nuestros, por eso nos va freír a impuestos un poco más el año que viene, y con la morterada de millones recaudados piensa dedicarse a la caridad. Lo que ellos llaman presupuesto social solo es una gigantesca campaña de propaganda para ganar a cualquier precio las elecciones generales de 2023. Ese precio será muy alto: necesita una recaudación récord que pagarán las clases medias en el IRPF y requiere elevar la ya de por sí disparada deuda pública que pagarán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

    Este Gobierno no tiene dinero, ni intención, ni plazos, para terminar la electrificación de la vía férrea hasta Portugal, un proyecto vital para consolidar a Salamanca como centro neurálgico de transporte, pero sobra dinero para regalar billetes de tren hasta la capital de España. Terminar la electrificación sería una cuestión de justicia, lo de los abonos por la cara es una muestra de compasión, un paso adelante para conseguir la mayor dependencia de los salmantinos de la teta del Estado.

    Del mismo pecho del que saldrán los cien euros para conseguir los favores electorales de las madres con hijos de hasta tres años, y del que brotarán los 15.000 millones de la subida del 8,5 por ciento para los jubilados. Y no es que el Ejecutivo sanchista tenga un especial cariño por los mayores, a los que desprecia y cuyo cuidado deja en manos de las comunidades autónomas sin cumplir siquiera sus compromisos de pago de la dependencia, sino porque alberga la esperanza de recoger en masa sus papeletas cuando se abran las urnas.

    Nuestros pensionistas se merecen esa subida, y más si fuera posible, pero la cuestión está en saber si el conjunto de los españoles, los que llenamos con nuestro esfuerzo diario las arcas del Estado, los que le entregamos cada año la mitad de nuestro sueldo, podemos permitírnoslo sin que las cuentas públicas se vayan al carajo.

    Solo el gasto en pensiones supone la friolera de 190.000 millones de euros, y para tapar el agujero el Ministerio de Hacienda que preside Nadia Calviño, antes rigurosa financiera y ahora acreditada sacamantecas fiscal, subirá un 7,7 la recaudación por IRPF e impuesto de sociedades, hasta llegar al récord histórico de más de 262.000 millones de euros. Y la deuda se dispara al billón y medio de euros, otro récord absoluto. Con lo que nos quede en los bolsillos, si es que queda algo, tendrá que funcionar la economía real, las empresas, los comercios, los negocios de los grandes, pequeños y medianos empresarios, los autónomos y los futuros emprendedores.

    Todo esto a Sánchez, el compravotos, se la trae al pairo. Ya tiene sus presupuestos para el año que viene y se ha volcado con el presupuesto del Ministerio de Defensa, por si pierde las generales y tiene que llamar a las puertas de la OTAN en busca de un puesto de relumbrón. Nos quedaremos muy a gusto si se larga con viento fresco, pero nos va a salir cara la despedida.

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