18 julio 2019
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El sainete de Pedro y Pablo

14 jul 2019 / 03:00 H.
Marian Vicente
Desde la tribuna

Pedro Sánchez se ha vuelto de pronto razonable? Escuchando el jueves la entrevista en la televisión pública -hacía tiempo que este señor no decía nada- me pareció que tenía delante de mí a un político al que por fin le había vuelto el sentido común. Por primera vez habló de las discrepancias ideológicas con Podemos, fundamentalmente en el asunto de Cataluña, donde, dicho sea de paso, la situación está mucho peor que cuando gobernaba Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría actuaba como ministra catalana.

“¿Unidas Podemos va a apoyar al Gobierno de España en la aplicación hipotética, que yo no deseo, del artículo 155 de las Constitución?”, dijo el señor presidente. Es cierto que el PSOE de Pedro Sánchez respaldó su aplicación con Rajoy como presidente, pero también es cierto que desde que llegó a La Moncloa, hace ahora un poco más de un año, gracias a una moción de cesura apoyada por los independentistas, las distancias entre él y los separatistas se había acortado bastante. Su tibieza con los que quieren romper España y con los que dieron el golpe de Estado, sus negociaciones “secretas” y la propuesta de un “relator” en las conversaciones entre el Gobierno de España y Cataluña, hicieron sospechar que Sánchez estaba dispuesto a cualquier cosa para mantenerse en el poder, incluso saltarse a la torera la Constitución para dar rienda suelta a los delirios de Torra, Puigdemont y compañía.

Muchos socialistas no estuvieron de acuerdo con la estrategia que llevó a cabo al final de la legislatura pasada, ni siquiera con el método que utilizó para hacerse con el poder, pero solo unos pocos alzaron la voz y la mayoría decidió callar. Sin embargo, el presidente parece que se ha dado cuenta de que ese no es el camino y de pronto parece que preferiría ser investido presidente con el respaldo o la abstención de los partidos constitucionalistas y que defienden la unidad frente al chantaje y los ataques al Estado de los dirigentes catalanes.

Sin embargo, no ha hecho nada para conseguir el apoyo activo o pasivo de Ciudadanos o del Partido Popular. Pretende que le hagan presidente por su cara bonita, a cambio de nada. Si de verdad prefiere contar con los partidos más moderados de la Cámara, los que están dispuestos a prestarle su apoyo para hacer frente al desafío independentista, lo lógico es que les haga una oferta política que contemple, por ejemplo, renunciar a una subida de impuestos o cortar el grifo de la financiación a los políticos catalanes para que dejen de hacerse “autopropaganda” a costa de todos nosotros. Sería un gesto de buena voluntad por parte de Sánchez, un gesto que haría difícil que Rivera mantuviese su “no es no” o que Pablo Casado no pudiese plantearse, por lo menos, una abstención para evitar la repetición electoral.

Pero no parece que Sánchez esté dispuesto a elegir la moderación como estrategia, ni que le haya dado un ataque de sentido común. Y por desgracia, Pedro y Pablo están condenados a entenderse, porque pese a las amenazas de volver a convocar elecciones si fracasa su investidura, ellos y nosotros sabemos que de repetirse los comicios se volverían a necesitar. Podemos previsiblemente sufriría un nuevo revolcón en las urnas, pero sus pocos diputados serían imprescindibles, porque el PSOE de Pedro Sánchez tampoco parece probable que ganara con la mayoría suficiente para poder gobernar en solitario.

Pedro Sánchez no se ha vuelto sensato, sino que está jugando su papel ante el electorado por si nos tiene que convocar de nuevo a las urnas. Está interpretando el papel que le ha escrito su “gurú” de cabecera, Iván Redondo. Pensándolo bien, si llevamos más de un año sin Gobierno, creo que los españoles seremos capaces de sobrevivir sin políticos, y tal vez hasta mejor que con ellos.