07 julio 2020
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El promiscuo y conseguidor Iglesias

01 jul 2020 / 03:00 H.

    Iglesias, que manda en España como consentido de Pedro Sánchez, ha justificado para qué estamos en el mundo los mayores. Esos de los que dijo – sin soñar que pronto sería vicepresidente del Gobierno-, que nos fuéramos “como Ratzinguer, a Castengandolfo o a la mierda”, porque “habiendo gente de 23, 24, 25 años...”, qué diablos pintábamos aquí. Su socia Bescansa sostenía que si los viejos no votáramos, Pablo sería ya presidente. Pues yo creo que hacemos aquí lo mismo que su padre, el miembro del FRAP, que padece nuestro mismo mal, en el que sin embargo deseamos estar, la vejez. Esa enfermedad crónica que puebla miles de residencias, las que antes de estallar la pandemia ya dependían de Iglesias administrativa y políticamente, en las que se han asfixiado miles de seres humanos, sin que él se considere siquiera co-responsable del gerontocidio.

    Como uno sólo puede ir a Castelgandolfo de turismo, y la mierda no le gusta, ha decidido seguir votando, con cierto escepticismo, y escribiendo -si GRUPOSA me soporta-, por más que hay jóvenes que lo hacen estupendamente, y aunque solo sea para desahogarme despellejando a la víbora con coleta.

    Alguien ha llamado vodevil a lo último del marqués de Galapagar, la oscura trama entre él y dos letradas, un Fiscal, y una tarjeta asada en el microondas. Ciertamente es una comedia frívola, picante, llena de equívocos, de la que es protagonista Iglesias, y cuyo origen encontramos aplicando la vieja y certera conseja de Dumas, cherchez la femme. Buscando a la mujer, en este caso encontramos una joven marroquí nacida en Tánger (Dina), con la que mantuvo una relación, como se dice ahora. Me importan un bledo los amoríos de este Don Juan de vía estrecha. Cuando anduvo con aquella Tania de Rivas Vaciamadrid, se habló -toma nísperos-, del “Romeo y Julieta de la izquierda”. Pero es que luego fue Irene, y hasta hace poco se rumoreó que una hija del correlindes Verstrynge. ¿Será nuestro vicepresidente un promiscuo? ¿Qué más da? Lo grave es que deja colocadas a sus parejas con cargo al presupuesto nacional, a la última o penúltima nada menos que de vicepresidenta. Y ahí nos duele. Incluso a los ancianos, que le importamos un pito.