17 julio 2019
  • Hola

El humo de Notre Dame

18 abr 2019 / 03:00 H.
Santi Riesco
Ahí lo dejo

El lunes santo ardía la catedral de París. Las llamaradas que salían de su tejado se retransmitían en directo por televisiones y redes sociales. En España los periódicos tenían que cambiar sus portadas para recoger la noticia al día siguiente. El humo de Notre Dame se nos metía por los ojos hasta tocarnos el corazón para arrancarnos alguna que otra lágrima por la pérdida de un símbolo artístico, cultural y religioso. Nunca he aprendido tanto sobre gótico europeo.

El desgraciado accidente, que casi se lleva por delante 850 años de historia católica en París, ha servido también para darnos cuenta de lo felices que éramos antes de que ocurriese esta desgracia televisada en directo al mundo entero. Y, por suerte para todos, no hubo ni una sola víctima personal. El dolor era por la pérdida de un edificio emblemático. Por asistir en directo a la vulnerabilidad de lo que creíamos inmutable.

Jamás me habían explicado con tanto detalle la combinación de madera y piedra en una construcción tan absolutamente descomunal como puede ser la de una catedral. El periódico se convirtió en una relectura actualizada de Los pilares de la Tierra. Y mientras los bomberos daban una lección a los cuñados planetarios reunidos en twitter, las autoridades laicas del vecino país laico se apresuraban a sumarse al duelo por la pérdida de la catedral católica y declaraban espontáneamente que iban a hacer lo posible por levantar, cuanto antes, entre laicos y católicos, la sede del arzobispo de París y epicentro de la comunidad católica francesa. En plena Semana Santa.

Apenas unas horas después de que los bomberos controlasen el último rescoldo ya se habían recaudado 600 millones de euros a través de donaciones particulares de grandes empresas. Costará mucho más, pero el humo de Notre Dame retransmitido en tiempo real ha conmovido a la humanidad. Sin víctimas, pero con el horror de pensar que no hay nada seguro.

Con la aguja cayendo entre las llamas del tejado grabada desde, al menos, cinco ángulos distintos, me dio por pensar en la Semana Santa de esta archidiócesis francesa. Y se me ocurrió visitar la web de la comunidad cristiana de París. En ella informan sobre todos los pormenores del incendio y abren un espacio para que dejes tu testimonio, tu oración y tu donativo. Pero lo que destacan es que estamos en la semana más importante para los que creemos que Jesús era Dios.

Avisan en su página que la misa crismal de la catedral de Notre Dame, en la que participan habitualmente 600 sacerdotes de París, este año será en Saint-Sulpice. Y ofrecen buscadores para las celebraciones de Jueves y Viernes Santo, así como para la Vigilia Pascual en todas las comunidades parroquiales de la capital francesa.

A mí también me impresionó el incendio de Notre Dame. Pero lo que realmente me conmovió fue ver a la gente rezando y cantando espontáneamente en los puentes de acceso a la Isla de la Ciudad donde ardía el corazón de los católicos franceses. La catedral de Nuestra Señora ardiendo y el humo subiendo al cielo junto a los cánticos y las plegarias de quienes se sienten un poco más huérfanos.