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Estamos ante un atraco silencioso, taimado y soterrado, pero no deja de ser sangrante. El Gobierno sanchista está saqueando nuestros bolsillos a conciencia, friéndonos a impuestos como nunca nadie había hecho antes en la historia. Nos quejamos amargamente de que el Ejecutivo de la nación se olvida de Salamanca, que no invierte, que mantiene en el olvido los grandes proyectos que afectan a esta provincia y es un agravio de escándalo, porque el dinero del Estado llueve a chaparrón sobre otros territorios menos necesitados, pero quizás no sea lo más grave.

Lo peor es que esta sequía de inversiones del Gobierno en Salamanca coincide con el momento en el que los salmantinos están pagando más impuestos que nunca, hasta un nivel que roza lo confiscatorio.

Lo contaba LA GACETA ayer sábado: Sánchez está batiendo todos los récords de recaudación en la provincia. El año pasado los salmantinos pagaron 610 millones de euros en impuestos, 81 millones más que en 2021, que ya había sido el más “caro” de la historia para nuestras economías. La recaudación de la voraz Agencia Tributaria controlada por los dirigentes socialcomunistas ha incrementado la presión fiscal un 15,4% y en los tres grandes impuestos que castigan a los ciudadanos ha llegado al máximo histórico en 2022. Por el IRPF hemos pagado 332 millones, casi 60 millones más que el ejercicio anterior, por IVA también hemos llegado lo más alto con casi 158 millones y en Sociedades el Ejecutivo se llevó 110 millones, 24 más que en 2021.

Nunca antes habíamos pagado tanto. Y nunca antes habíamos estado en una situación tan angustiosa, con la cesta de la compra por las nubes y los salarios creciendo muy por debajo de la inflación.

Este escandaloso atraco a la economía de las familias responde al gran principio que guía la política económica del Ejecutivo: el sanchismo/comunismo considera que el dinero está mejor en las arcas del Estado que en nuestros bolsillos.

El sablazo fiscal podría tener una justificación si a cambio estuviéramos recibiendo unos servicios extraordinarios, una sanidad sobresaliente, una enseñanza envidiable o una atención social de altísimo nivel. Sin embargo, nada de esto está ocurriendo, al menos en Salamanca. Esa cienmillonada de euros que se están llevando de esta provincia no está sirviendo para que nos atiendan mejor, en ninguno de los ámbitos. Más bien al contrario.

El dineral que están recaudando a costa de nuestro esfuerzo no llega a la Junta de Castilla y León o a los ayuntamientos de la provincia para mejoras en la enseñanza, la sanidad o los servicios sociales. El destino de esta orgía de gasto no es otro que asegurar la permanencia de Pedro Sánchez en la Moncloa. Así tenemos que el número de empleados públicos se ha disparado, que el derroche en ayudas y subvenciones de todo tipo está llegando al paroxismo, que nunca antes habíamos tenido tantos ministerios inútiles y tantos asesores inútiles chupando del presupuesto público, que el gasto en propaganda se ha multiplicado, que los nacionalistas nunca habían tenido tanto dinero para seguir conspirando contra España y que las leyes de ingeniería social relativas al feminismo o la identidad sexual a las que nos someten nos están costando un riñón. A todo esto, con tanto ingreso extra a Sánchez no le llega, y el déficit y la deuda del Estado también están desbocados. Nos atracan a los actuales contribuyentes y a la vez hunden el futuro de las siguientes generaciones. Y todavía tendremos que darles las gracias porque por ahora nos dejan manejar algún dinerillo para tomar una caña y un pincho. Ya veremos hasta cuándo.

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