01 julio 2022
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El espantajo no funciona

14 abr 2022 / 03:00 H.

    Debe de ser muy profunda la caída del PSOE y muy potente el ascenso del PP para que incluso Másterchef Tezanos recoja, atemperadas y edulcoradas, las secuelas del terremoto que está sacudiendo la política española. Si el CIS dice que Feijóo está solo tres puntos por debajo de Sánchez es porque estará cinco o seis por encima. Recordemos que en las ollas de don José Félix se cocinaron los dos sondeos preelectorales de Castilla y León que daban la victoria a Luis Tudanca y que no preveían de ninguna manera que Alfonso Fernández Mañueco y Juan García-Gallardo sumaran una mayoría de 41 procuradores (obtuvieron 44).

    Las encuestas medianamente serias llevan ya días pronosticando el ‘sorpasso’ de Feijóo a Sánchez, con unos resultados que permitirían al nuevo presidente popular gobernar con el apoyo de Vox. Hay estudios que le dan una mayoría absoluta holgada a la suma de azules y verdes y otros que se la dan por los pelos. En lo que sí hay consenso sociológico es en pronosticar un batacazo mayúsculo para el PSOE, que caería por debajo de los cien diputados después de haber obtenido 120 hace tres años, mientras que Podemos perdería también un buen puñado de escaños.

    Por lo visto, el espantajo del “¡que viene la ultraderecha!” no le está funcionando a la ultraizquierda. Tendrán que inventarse otro lema.

    Los sondeos reflejan cómo una parte importante del electorado no traga con las ruedas de molino que nos endosa el aparato sanchista, cuyos miembros más eminentes llevan semanas augurando el fin de la democracia en Castilla y León y el advenimiento de un régimen dictatorial al estilo franquista tras el pacto Mañueco-Gallardo. De momento, y a tenor del programa de gobierno con el que el presidente de la Junta fue investido el pasado lunes, aquí se mantienen los derechos fundamentales de los castellanos y leoneses, incluida la libertad de prensa y la de asociación política. No hay signos de que se vaya a fusilar a los dirigentes comunistas de Podemos, ni acuerdos para dejar de perseguir la violencia machista, ni un cambio de normativa que obligue a expulsar a los inmigrantes y refugiados que siguen llegando a la Comunidad.

    Es verdad que escuchando el discurso del futuro vicepresidente se le ponen a uno los pelos como escarpias, cuando habla de modificar la Constitución para devolver competencias autonómicas al Estado o de recortar la Ley de Violencia de Género, pero eso lo dice García-Gallardo de cara a la galería, y además lo anuncia para cuando Vox tenga mayoría absoluta en el Congreso, que no parece que vaya a ser mañana ni pasado mañana. El caso es que todos esos exabruptos no aparecen ni en los pactos firmados con el PP ni menos aún en el proyecto presentado por Mañueco ante las Cortes.

    En Castilla y León habrá que estar atentos, con la guardia alta, pero no serán los funestos augurios de la oposición los que marcarán el juicio a la nueva Junta, sino la gestión, las decisiones y las leyes que PP y Vox vayan sacando adelante.

    Entre tanto, el Gobierno y sus voceros tendrán que buscarse otro espantajo. Si se dedicaran a aportar soluciones a los problemas que preocupan a los españoles igual les iba un poco mejor. Y si no tienen soluciones, como parece, al menos que no metan el dedo en la llaga, como hizo ayer Sánchez al asegurar que la luz no ha subido apenas respecto a 2018. Que se lo digan al Ayuntamiento de Salamanca, que ya está pensando qué farolas apagar para no seguir pagando el doble que los años anteriores.

    Por estupideces como esa de que la luz no sube, o solo sube por la guerra de Ucrania, es por lo que Sánchez cae en picado en las encuestas. Quienes toleraban que pactase con comunistas, golpistas y filoetarras no soportan que nos arruine y encima nos tome por tontos.

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