02 julio 2022
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El enemigo en el CNI

28 abr 2022 / 03:00 H.

    En España somos muy de escuchar. No de prestar atención, sino de escuchar, sobre todo las conversaciones de quienes no quieren ser escuchados. Siempre hemos sido un país de cotillas y fisgones, y ahora con las televisiones del corazón y la exhibición impúdica del personal en redes sociales, la indiscreción se ha convertido en pandemia.

    No es de extrañar, por tanto, que dispongamos de un servicio de espías de alto nivel. Pese a fallos clamorosos, como los atentados de los radicales islamistas del 11-M o la rebelión de los golpistas catalanes del 1-O, los servicios de información del CSID, ahora CNI, han contribuido de forma decisiva a defender la democracia con sus informaciones sobre la rama terrorista de ETA (la facción política ahí sigue, y triunfando) y con la desarticulación de decenas de células terroristas y combatientes solitarios de Al Qaeda.

    Los agentes del CNI espían mucho, a veces incluso de forma legal. El centro se hizo famoso en tiempos de Felipe González, cuando todavía se llamaba CSID, cuando descubrimos que espiaban sin autorización judicial a todo quisque, empezando por el Rey Juan Carlos y siguiendo por ministros del PSOE y del PP, grandes empresarios y directores de periódicos. Por aquel escándalo dimitieron de una tacada el vicepresidente del Gobierno, Narciso Serra, el ministro de Defensa, mi tocayo García Vargas, y el jefe de los espías, Alberto Manglano.

    Estamos hablando de los añorados tiempos en los que había vergüenza torera en el Gobierno y los ministros pillados en delito flagrante tenían la decencia de volver a sus trabajos anteriores, entre otros motivos, porque tenían oficio y beneficio, no como ahora.

    Hablamos de aquellos tiempos remotos en los que se armaba un revuelo pistonudo cuando el centro de inteligencia espiaba a quien no debía, cuando no debía y sin permiso judicial. Ahora el escándalo salta cuando el CNI cumple con su obligación de controlar las actividades de los mayores enemigos del Estado español, que no son otros que los golpistas catalanes y los filoterroristas vascos, cuya actividad delictiva para acabar con la democracia en nuestro país está comprobada, juzgada y condenada, y cuyos líderes siguen empeñados en subvertir el orden constitucional.

    Ahora escuchamos cómo esta caterva de enemigos de España exigen la cabeza de la ministra de Defensa, responsable última del CNI, por cumplir con su deber de anticiparse a los movimientos de un puñado de delincuentes camuflados de políticos. Y no se puede descartar que el presidente del Gobierno acabe entregando en bandeja de plata la testa de Margarita Robles, porque para Pedro Sánchez la supervivencia en el poder está por encima del bien y del mal, de la lealtad y de la buena gestión de sus subordinados.

    De momento, Margarita no ha sido deshojada de sus funciones, pero Sánchez ya ha dado nuevas muestras de su capacidad para poner el Estado español al servicio de sus enemigos (los del Estado). Para ello ha prometido abrir dos investigaciones al CNI, dejando a los pies de los caballos a los espías, y ha tenido que utilizar una vez más los servicios de la presidenta del Congreso, dispuesta a arrastrar su prestigio (si alguna vez lo tuvo) y el de la institución, por el felpudo de los espurios intereses de su jefe. Con el fin de recabar sus votos en el Congreso, Meritxel Batet ha cambiado las normas de funcionamiento de la Mesa para colar de rondón a Bildu y ERC en la Comisión de Secretos de Estado.

    Suena a broma, a película de Torrente, pero es lo que tenemos ya ante nuestros ojos: los herederos de los terroristas vascos y los golpistas catalanes recibirán información de los secretos de la nación que quieren destruir. Puede que incluso puedan escuchar las cintas de sus conversaciones grabadas por el CNI como enemigos de la patria, de forma que podrán adecuar sus estrategias contra el Estado gracias a la información que les proporciona el Gobierno y serán de alguna forma los controladores de los espías que les espían.

    Todo muy rocambolesco, pero es que ya había antecedentes. Sánchez ya coló al comunista bolivariano Pablo Iglesias en la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, ante la que también responden los agentes del CNI, y ahora completa la operación colocando en el corazón de la inteligencia nacional al resto de la gentuza supremacista y separatista que le apoya en el Congreso.

    Es muy difícil caer más bajo. Hasta ayer a España no la querían ni ver en la OTAN por tener comunistas proputinianos en el Gobierno, y ahora a los espías españoles les harán luz de gas en los organismos de inteligencia internacionales, cuyos responsables tendrán unas ganas tremendas de compartir información sensible con ellos... tantas como de caer en las manos del sátrapa ruso y de su KGB.

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