17 octubre 2019
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El color de España

30 abr 2019 / 03:00 H.

España no es roja, ni azul, ni naranja ni morada, ni verde. España es un país repleto de pueblos, culturas, tradiciones y personalidades, donde la gente pretende moverse por todo el territorio, empatizando con sus unos y otros, independientemente de si sus opiniones son idénticas o no. Lo que han demostrado los comicios recién celebrados es que a los españoles no nos van los extremos y que si se nos amenaza con ellos, salimos a la calle en masa a ponerle remedio e incluso a votar a otro partido —por mucho que no sea el habitual—, que nos asegure que no se tirará de la cuerda hasta romperla. Los españoles, en general, y salvo excepciones nada honrosas, no queremos violencia ni matarile, sino trabajo, dignidad y comprensión recíproca entre los que piensan distinto.

El mejor valor de una democracia es el de que los dirigentes políticos sepan que los votantes no deben lealtades a sus siglas. Que un partido no es un equipo de fútbol imposible de cambiar sino que, dependiendo de cómo actúen sus responsables, es susceptible de que sus seguidores lo abandonen por una legislatura, por dos o para siempre. Ya decía Aristóteles que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos. Y lo es porque, aunque el pueblo, del que emanan los poderes del Estado, puede equivocarse —y tiene el derecho a hacerlo— también puede rectificar cuatro años después y retirarle el poder a quien se lo dio, para otorgárselo a otro. Y no pasa nada.

Esa es la suerte de la Democracia: que llegue quien llegue a la cumbre, ahí arriba no está solo, ni puede legislar como le dé la gana, y mucho menos en tiempos como el nuestro, donde está claro que preferimos el arco iris parlamentario y que exigimos a los políticos que se entiendan, que acuerden y que tomen decisiones para todos, sean quienes sean y cómo sean y sabiendo, eso sí, que el límite de sus actuaciones es la legalidad, pretendan lo que pretendan. El Partido Popular, quizás el más devastado de estas elecciones debería plantearse si su caída ha tenido que ver con una involución en su mensaje y hacia dónde debe ir ahora. Está claro que la fragmentación de la derecha no le ha beneficiado, pero también que ha tenido electores que han votado al PSOE ¿por qué? Esta es la pregunta que ellos tendrían que formularse, como también los de Podemos, cuya pérdida de confianza por parte de sus votantes ha quedado muy clara. En cuanto a la irrupción de VOX, más allá del mensaje, el tono asusta. Y con todo, su resultado —menor del esperado— les da oportunidad y visibilidad. Habrá que ver. Como también si ERC es consciente de que sus escaños logrados pertenecen al Congreso español. Ahí lo dejo. Pero todo esto no es más que un resumen de ayer. Mañana (casi) hay elecciones autonómicas y municipales. Y la pelota, sigue estando en nuestro tejado.