03 agosto 2020
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El anticlericalismo superviviente

02 ago 2020 / 03:00 H.

    Uno creía que la izquierda moderna que trajo consigo a España el PSOE de Felipe González había acabado con el espíritu guerracivilista, sobre todo tras la “reconciliación nacional” que representó la Constitución de 1978, que pretendía acabar con los odios que tanto se exhibieron durante la II República y la guerra (1936-1939). Durante dicha guerra hubo una oleada de asesinatos en las dos retaguardias. Uno de aquellos odios se dirigió contra la Iglesia católica y acabó con la vida de miles de curas, frailes y monjas asesinados en la retaguardia republicana (entre ellos, si la memoria no me falla, 17 obispos). Muertes que ahora la “memoria histórica” pretende negar.

    Aquel odio de antaño sigue hoy, en tics como el anticlerical, especialmente en las filas de Podemos, el “nuevo partido más viejo del mundo”, y así late ahora cuando se pretende eliminar cualquier ayuda a la educación concertada, que en buena parte es religiosa. Esa educación concertada escolarizó en 2020 al 25,5% del alumnado español y a cerca del 30% en las etapas básicas y obligatorias (Primaria y ESO); en conjunto, algo más de dos millones de estudiantes. Este sistema de conciertos entre el Estado y la enseñanza privada se configuró, y es oportuno recordarlo, bajo los gobiernos de mediados de los años ochenta, es decir, con Felipe González en la presidencia del Gobierno.

    Lo peor no es sólo que esté en el Gobierno un partido guerracivilista sino que la actual ministra de Educación, Isabel Celáa, que es del PSOE, ya avisó en noviembre pasado a los asistentes al congreso de Escuelas Católicas que “de ninguna manera se puede decir que el derecho de los padres a elegir centro podrá ser parte de la libertad de enseñanza”.

    Pues bien, ahora se trata de repartir 2.000 millones de euros destinados a educación en las partidas de compensación por los costes extraordinarios motivados por la Covid-19, que, según ha propuesto el Gobierno, irán íntegramente a los centros públicos. Si finalmente esta decisión se adopta y se plasma en la correspondiente distribución de los recursos se producirá un fraccionamiento que traerá inexorablemente una tormenta política y judicial que no beneficiará a nadie. Sinceramente, espero que ese enfrentamiento no se produzca y que cuando llegue el momento de repartir ese dinero el Gobierno, pensando también en sacar adelante los Presupuestos del Estado, se avenga a dotar convenientemente la educación concertada.