25 enero 2022
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Dos años de pesadilla

14 ene 2022 / 03:00 H.

    HACE justo dos años decían los responsables de la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Es un virus difícil de contener”. Los especialistas del Hospital de Salamanca llamaban a la calma confiados en que pudiera quedarse en un problema local, aunque reconocían que desconocían aún la gravedad del nuevo virus, que aún no tenía nombre.

    “Hay bastante pánico en general, generado, más por las medidas tan drásticas que se toman, que por la posibilidad real de contagio fuera de Wuhan. Aún así hay que tomar en serio la cuestión, pues es un virus aún desconocido”, comentaba a este periódico a finales de enero de 2020 un salmantino afincado en Pekín, mientras que otra joven de la provincia definía la situación como de “psicosis”. Pañuelos en los ascensores para evitar tocar los botones con las manos, los accesos a las comunidades de las viviendas bloqueados, de manera que nadie saliera ni entrase sin tomarse la temperatura era la estampa de Pekín. “Da impresión ver el metro prácticamente vacío o cualquier calle que un día normal estaría abarrotada”, aseguraba con asombro la salmantina. Aún recuerdo las fotografías que me envió y cómo se las enseñé a mis compañeros sorprendida. El comentario generalizado era que parecía una película de terror.

    Solo un mes después la OMS ya pedía trabajar en la contención y prepararse para una posible pandemia. Pero nosotros seguimos a lo nuestro, como si lo que sucediese en China no pudiera salpicarnos, ¡y vaya que si lo hizo! Carnavales, manifestaciones y otros actos multitudinarios tuvieron lugar con total naturalidad. Al final la bomba nos estalló en las manos y pasamos del alboroto y las risas al silencio más absoluto y las lágrimas.

    Esto no ha acabado. Casi llevamos ya veinticuatro meses intentando sobrellevar esta pesadilla, con momentos de angustia, tristeza, ansiedad, incredulidad y pasotismo.

    Dos años aguantando la ineptitud de nuestros políticos, viendo cómo cada dos por tres se colapsa el sistema y siempre nos pilla desprevenidos, bueno nos pilla a los ciudadanos, aunque los responsables sean nuestros gestores. Nos pasó con los guantes, con las mascarillas, los geles hidroalcohólicos y en plenas navidades han sido los test. Pero también con cosas mucho más serias como la falta de equipos de protección para el personal sanitario o respiradores para los enfermos más graves.

    Pero que no haya test, que se tengan que hacer largas colas para hacerse una prueba y que los médicos y enfermeras estén saturados no va con el ministro Alberto Garzón. Él es ministro de Consumo y en estos meses se ha centrado en hacer una campaña para favorecer la igualdad en el juego que ha costado más de 110.000 euros y en echar por tierra la labor de los ganaderos, primero criticando el consumo del chuletón y luego las macrogranjas. ¡Eso es arrimar el hombro el momentos difíciles, sí señor!

    No merece la pena hablar de esa persona, él solo se define. Vayamos a lo importante como es que en estos días la Universidad de Salamanca, dos años después, ha recuperado los Cursos de Especialización en Derecho en formato presencial. ¿Un síntoma de recuperación? Confiemos en que así es porque estarán conmigo en que todos estamos tocando fondo.

    Entiendo a los hosteleros que piden que les dejen trabajar, a los jóvenes que ven como sus años en la universidad pasan y no quieren dejar se disfrutar de esta etapa, a los abuelos que siempre tienen incertidumbre por el futuro y quieren compartir el presente con sus hijos y nietos sin mascarillas y con abrazos. Dos años ¿no es tiempo suficiente? “Aún no es como la gripe, pero se tratará así porque ya no es manejable”, decía hace unos días la viróloga Ana Fernández-Sesma. Necesitamos vivir, disfrutar de cada día, tener alegría y no estar atemorizados por el “bicho”.

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