24 agosto 2019
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De profesión, maestro

09 ago 2019 / 03:00 H.

Para ser maestro, dijo Joaquín Costa, “hay que tener alma de apóstol y decidirse a seguir la carrera de mártir”. Hoy recuerdo a uno de esos profesionales que sufrieron los peores años de nuestra historia reciente, pero que supo encontrar en su trabajo y en su familia el abrigo que siempre le dio paz.

Jesús nació en la aldea alistana de Ceadea en 1907. El mayor de seis hermanos, a los nueve años ingresó en un colegio pucelano de religiosos donde estudió Primaria y Secundaria. Aunque iba para cura, en la Normal de Maestros conoció a Felisa, una burgalesa de Sarracín rebosante de sentido común y modernidad, que fue su esposa por toda la vida y madre de sus dos hijas.

La pareja consiguió su primer destino en Ceánuri. Poco después estalló la Guerra. Sólo cuatro meses después de que allí naciera su hija Menchu, la Legión Cóndor arrasó Guernica, cerca de su casa. En Lemóniz, nuevo destino, vio la luz su segunda niña, Angelina. Concluida la contienda, el nuevo Estado depuró a Felisa y Jesús junto con otros 60.000 compañeros de profesión en el marco de esa “obra de saneamiento por el bien de España” que se emprendió para garantizar que los niños de la posguerra se empaparan del espíritu nacional. Suspendidos tres años de empleo y sueldo, regresaron a Ceadea para sobrevivir. Primero a ella, luego a él, se les ofreció la oportunidad de ejercer en la provincia de Murcia y allí, tras un par de destinos temporales, se establecieron en Caravaca de la Cruz.

La monomanía de Jesús fue la innovación educativa, tarea a la que consagró su vida. Le robaba horas al sueño ideando técnicas para enseñar. En Canara, uno de los lugares en los que ejerció tras la suspensión, las autoridades le encomendaron la gestión de las tarjetas de fumador. Negó el tabaco a los analfabetos y creó una escuela nocturna para adultos en la que mucha gente humilde aprendió a leer y escribir, movidos por su apego a la nicotina. Definitivamente, Felisa y Jesús supieron ganarse la vida y vivieron para su profesión y sus hijas, lo que más quisieron.

Éste fue Jesús Álvarez Pérez, cuya obsesión por su trabajo le llevó, junto a su hermano Antonio, a elaborar un sistema de enseñanza que formó a la mayor parte de los niños españoles de los años 50 y 60: las cartillas Garabatos y la célebre Enciclopedia Álvarez. En el régimen, pero no del régimen. Va por usted, don Jesús.