29 octubre 2020
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Cerrar Salamanca no es la solución

    Salamanca va camino de ser ‘confinada’ en los próximos días si no se produce un milagroso cambio de tendencia en el creciente número de contagios por coronavirus. La capital cumple desde hace tiempo dos de los requisitos marcados por Illa para al cierre perimetral: supera el 10% de positivos sobre test realizados y se encuentra en una Comunidad autónoma donde hay más del 35% de camas UCI con enfermos de COVID. La tercera condición, que registre más de 500 positivos por cien mil habitantes en los últimos catorce días, está a punto de cumplirse, con 472 casos de media registrados hasta ayer miércoles.

    De entrada hay que decir que esos tres baremos establecidos por Illa no responden a criterios científicos ni a la indicación de ningún grupo de expertos, sino que fueron fijados en función de un objetivo ‘político’: confinar Madrid a toda costa. Y ahora que Madrid ya no los cumple, el ministro cambia de criterio y dice que no levantará el ‘encierro’ hasta que la Villa y Corte no baje de doscientos casos. Lo sorprendente de esta maniobra no es que la haya aplicado un Gobierno experto en todo tipo de trampas y engaños, sino que haya sido votada a favor por la Junta de Castilla y León que preside el popular Alfonso Fernández Mañueco, lo que le obliga a aplicar el mismo listón en la Comunidad.

    Salamanca puede ser ‘confinada’ siguiendo unas escalas ajenas al dictamen de los expertos, pero eso no oculta la realidad de una situación epidemiológica alarmante en la provincia, con una media muy por encima de cien casos en la última semana, con los centros de salud a tope de trabajo, la presión asistencial a punto de desbordar algunos servicios del Hospital y unas fuerzas de seguridad que no dan abasto a multar a tanto indisciplinado.

    La pregunta que debemos hacernos en este momento es ¿por qué Salamanca, que ya fue una de las peores provincias en una de las peores autonomías del peor país del mundo en la primera ola de coronavirus, bajo control gubernamental, vuelve a ser ahora una de las provincias y capitales más afectadas dentro de una de las regiones con peores números de una de las cuatro naciones más castigadas de todo el planeta en esta segunda ola, bajo control autonómico? ¿Qué hemos hecho mal los castellanos y leoneses y en concreto los salmantinos para merecer esto? ¿Existe algún motivo para la autocomplacencia de las autoridades sanitarias regionales? ¿No debería reconocer la Consejería de Sanidad su rotundo fracaso a la hora de frenar el virus? Y sobre todo, ¿no debería plantearse un cambio de estrategia a la vista de los pésimos resultados?

    Porque lo que se observa es una cierta parálisis de la consejera Casado, que toma nota del crecimiento disparado de los contagios, amenaza con el inminente ‘confinamiento’ de Salamanca y pide más conciencia a los ciudadanos, pero no adopta al mismo tiempo ninguna medida para revertir la tendencia.

    La Consejería debería disponer ya de un estudio riguroso y preciso de cómo y dónde se están produciendo los rebrotes. Esa información no la maneja Verónica Casado, que solo cuenta con datos muy genéricos, donde la mayoría de los contagios se encuadran en dos epígrafes tan amplios como’ el ámbito familiar’ y el ‘mixto’ (familiar, laboral, social y sanitario). Si, como se sospecha, esta segunda ola está creciendo por los casos aparecidos en reuniones familiares y en fiestas de jóvenes y no tan jóvenes, además de las residencias de ancianos, Sanidad, apoyada en las recomendaciones de los expertos en cuanto a los métodos, debería adoptar medidas dirigidas a limitar, controlar y elevar el nivel de seguridad sanitaria en esos ámbitos. Al mismo tiempo, la Junta debería reforzar la atención primaria, las UCIs y el servicio de Medicina Interna donde se está elevando la presión asistencial, una vez que parecen solucionados, afortunadamente, los retrasos y desajustes en la realización y notificación de PCRs.

    En ese sentido, bueno sería que Casado atendiera las peticiones realizadas ayer por el alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo, para limitar el número de personas que pueden asistir a reuniones en pisos, y a la vez reforzara los servicios sanitarios y las medidas de seguridad en las residencias.

    Porque el confinamiento, es decir, el cierre perimetral de la capital, no va a mejorar la situación en Salamanca. Puede evitar algún contagio de los habitantes de la ciudad a los de los pueblos, pero nada más. La solución pasa por otras medidas más específicas, dirigidas a los núcleos de contagio, y que no suponen un coste innecesario económico y de imagen para los salmantinos.

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