28 enero 2023
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Catar, con c de cinismo

26 nov 2022 / 03:00 H.

    Estos días se juega el mundial de Catar. Lo escribo como manda la Real Academia Española de la Lengua y con la “c” de cinismo, que es lo que se ha globalizado con su celebración. Este país de mucho dinero y poca reputación fue elegido sede de la copa del mundo, hace doce años. Un tiempo más que suficiente, para que la parte del globo que hoy se rasga las vestiduras, hubiera forzado a la FIFA a replantearse su extraña elección. Sin embargo, en estos 144 meses muy pocos han sido los que han alzado la voz por participar en un evento que servirá, entre otras cosas, para blanquear a un régimen absolutista que ningunea los derechos humanos. Ni las grandes marcas, ni las federaciones, ni las empresas, ni los gobiernos han renunciado a estar allí. Tampoco ha habido sombras de boicot por los deportistas. Por eso, me parece hipócrita, que ahora que el balón ya es imparable, comiencen las amenazas para vestirse de digno ante la opinión pública. Lo de mirar para otro lado en el mundo del fútbol, y en el deporte en general, no es nuevo cuando de ganar dinero se trata. Ya en 1934 se celebró un mundial en la Italia de Mussolini. Aquella copa la ganó, cómo no, el anfitrión con bajada incluida de Mussolini a los vestuarios en el descanso de la final. También tuvo su campeonato y su victoria sospechosa la Argentina del régimen criminal de Videla. Así que el de Catar será uno más, en la parte oscura de la FIFA. Una organización que nunca se ha sacudido las denuncias de corrupción. Nuestra federación ha sido de las que menos ha cuestionado la fiesta en la península arábiga. No en vano organiza, con las comisiones de Piqué de por medio, la Supercopa en Arabia Saudí, sin que Rubiales se haya planteado la más mínima reivindicación. Tampoco hay que olvidar el recibimiento que le hizo el gobierno al Emir, en mayo. Esta semana, Patxi López y algunos diputados decidieron colocarse el brazalete con los colores del arco iris coincidiendo con el primer partido de España. Será porque la memoria es frágil o peor aún, por la falta de escrúpulos. Ninguno puso un “pero”, cuando el Congreso le concedió su medalla al jeque Tamim Bin Hamad, en presencia de una de sus tres mujeres. Quién mejor que nuestra federación para explicarles a esos diputados, las contradicciones entre la moral, el dinero y el deporte. Es legítima la crítica y las discrepancias por la falta derechos, faltaría más. Pero resulta absurdo el postureo y la sobreactuación de quienes compiten allí. A estas alturas no necesitamos ningún campeonato mundial del cinismo.

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