30 enero 2023
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Aprender la lección

22 ene 2023 / 03:00 H.

    Terminó la polémica del protocolo de Vox con una nueva mentira del Gobierno sanchista. Nada nuevo. Dice el Ejecutivo socialcomunista que la Junta “ha acatado formalmente” el requerimiento contra el cambio de las normas sanitarias en caso de embarazo en Castilla y León. No ha habido tal, porque nunca hubo una instrucción diferente a las ya establecidas. Los anuncios del vicepresidente ‘verde’ no tienen valor legal y Sánchez y sus terminales mediáticas han tenido que recular ante la falta de materia de escándalo.

    Queda por el camino una Junta rota, en la que reinan la desconfianza y el recelo, pero PP y Vox han superado por el momento ese momento de locura que colocó a ambos partidos al borde de la ruptura. Parece que los dirigentes de una y otra formación se han dado cuenta de que el único posible ganador en esta batalla entre coaligados era el Ejecutivo sanchista.

    De esta crisis estúpida los protagonistas deberían salir enseñados. Alfonso Fernández Mañueco debería tomar nota y atar en corto a su vicepresidente. El escándalo por las medidas ‘provida’ debería ser el último consentido por el presidente de la Junta. Dejar hacer a los altos cargos de Vox debe tener un límite. Mañueco no puede permitir la existencia de dos bandos enfrentados en su Ejecutivo. No puede volver a producirse el espectáculo lamentable de ver cómo Castilla y León se convierte en bandera de enganche para todas las izquierdas, que hasta entonces se batían en retirada.

    Y Juan García-Gallardo debería salir escarmentado, si es que tiene una mínima capacidad para asumir errores. Y si no la tiene, Santiago Abascal debería hacerle ver que gobernar una autonomía implica trabajar por bien de los ciudadanos y gestionar con tino los recursos en lugar de actuar como si todavía estuviera en campaña electoral. En todo caso, lo mejor es echar tierra sobre el asunto cuanto antes.

    Coincidiendo con el final de esta crisis de insensatez en Castilla y León, se abría ayer una ventana a la esperanza en España. Un camino confirmado con la manifestación de Madrid, donde decenas de miles de españoles llenaron el centro de la capital del Reino para defender la democracia, la Constitución y la unidad de España y de paso para exigir la dimisión de Pedro Sánchez por traidor a la patria. Una concentración multitudinaria en la que participaron dirigentes de todo el espectro del centro derecha, entre ellos representantes del PP, de Vox y de Ciudadanos. Era la mejor forma de aparcar las disensiones y de aunar esfuerzos en el objetivo común de echar del poder al sanchismo y a sus camaradas comunistas, secesionistas y proetarras.

    El éxito de la manifestación de Madrid marca la senda hacia el único destino posible: la derrota del Gobierno socialcomunista en las urnas. Expulsar a Sánchez constituye una prioridad nacional. No solo porque lo gritasen ayer decenas de miles de simpatizantes del centro derecha, sino porque así lo entienden muchos socialistas ‘auténticos’. Basta con leer a César Antonio Molina, el exministro de Cultura con Rodríguez Zapatero, por tanto nada sospechoso de ultraderechista o reaccionario, que hace unos días escribía en un diario nacional, a propósito del actual inquilino de La Moncloa: «Le votamos para castigar la corrupción. Hizo promesas. No cumplió. Nos engañó. Nos traicionó. Nos insultó. Nos destruyó a votantes y militantes. Pactó con los enemigos del socialismo y de su propio país. Se convirtió en un autócrata. Votando a Sánchez se vota a Bildu, Esquerra, Podemos... y demás socios».

    Solo hay que mirar hacia delante. Ya queda menos.

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