13 agosto 2022
  • Hola

Ahora

24 jun 2021 / 03:00 H.

    Ahora que estamos llegando pronto a casi todos los retrasos: incluido ese retraso máximo que implica la ruptura de la convivencia. Ahora que nos precipitamos, con prisa, hacia la mayor de las tardanzas: incluida la de envilecer al adversario, que es la forma más rápida de envilecernos a nosotros mismos. Ahora que contestamos, sin dudar, que son incontestables nuestros prejuicios: incluido el de defender lo indefendible, con el maniqueo propósito de amparar, cual claque, a nuestros afines. Ahora que... es ahora por si acaso.

    Ahora que narciseamos por doquier, y que caímos enamorados de nuestra propia imagen: la torpe y vanidosa invención que pretendimos construir en el estanque de las Redes Sociales. Ahora que hemos persuadido a nuestros egos. Ahora que nos hemos convencido de nuestra sin par valía. Ahora que, ensimismados con autolisonjas, nos vanagloriamos de nuestra supersticiosa ensoñación. Ahora que... es ahora en consecuencia.

    Ahora que la proclama política busca un yo-mí-me-conmigo que resulte, sin pudor, excluyente y divisivo. Ahora que, sin más turbación, enarbolamos como irrebatible el onanismo de nuestros sesgos. Ahora que, frugales de escucha y argumentos, nos creemos la repera limonera y también sin limonar. Ahora que, con ligereza, asumimos la pesada carga de confundir rival con enemigo, competidor con disidente, y discrepante con traidor. Ahora que... es ahora más que nunca.

    Quizá también ahora, quién sabe, podríamos recordar esto que hace un tiempo me encontré en Twitter. Lo escribía Diego Garrocho, profesor de Ética y Filosofía Política en la Universidad Autónoma de Madrid: “Hay excelentes personas cultas e informadas que piensan exactamente lo contrario que nosotros. A partir de este axioma a lo mejor se puede construir algo”. Pues sí. Solo a partir de ahí es factible “construir algo”: algo que merezca la pena, se sobreentiende, puesto que la destrucción también se construye, también se forja, también se edifica.

    La semana pasada se presentaba una iniciativa, sin vínculos partidistas, para “combatir la polarización” y “tender puentes” entre la izquierda y la derecha constitucionales. Si en la Transición se adoptaron consensos que permitieron afrontar desafíos de entonces, este empeño actual, surgido en la sociedad civil, también asumiría el reto de contribuir a que se fragüen pactos indispensables para el interés general. A modo de think tank, “España Juntos Sumamos” aspira a trabajar propuestas que prescindan del dogmatismo guerracivilista, y que ayuden a hablar, de igual a igual, a los distintos.

    Tengo ya bastantes años para haber visto fracasar, de primera mano, proyectos reformistas y regeneradores, que trataron de mejorar nuestra democracia, y nuestro Estado de Derecho, y nuestra coexistencia. Poco de este ahora invita al optimismo. Pero precisamente por eso, porque el ahora más nefasto siempre será susceptible de empeorar, resulta sensato eludir la renuncia.

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