10 diciembre 2019
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Abogados en el Paraninfo

05 oct 2019 / 03:00 H.
Alberto Estella
El farol

Tenía razón Sergio Martín, nunca habíamos visto en el Paraninfo tantos rectores por metro cuadrado. Solo faltaba el Conde Duque de Olivares, que todavía ignoro cómo pudo ser rector de nuestro Viejo Estudio, siendo un adolescente enviado a estudiar Derecho Canónico. Sergio, ex alumno de la Universidad (en adelante USAL), y miembro de ALUMNI (su Asociación de Antiguos Alumnos, la más importante de España: 30.000 socios), era aquel presentador vivaracho de “Los Desayunos de RTVE”, víctima de la izquierdorra, que campa a sus anchas en la tele pública, con la comisaria política Rosa María Mateo. El zamorano condujo el acto, que se titulaba Nombramiento como socio de honor de Marcelino Oreja, aunque tuvo bastantes intervenciones más. Fue en el Paraninfo que Amenábar sustituyó en su película, y con un discurso del expresidente panameño Arístides Royo.

Vaya por delante la justeza del nombramiento como socio de honor de ALUMNI de Marcelino Oreja. Desveló cómo la elección de nuestra Universidad para que estudiara un único y póstumo hijo, la hizo su madre —doña Pureza, a la que tuve el honor de conocer—, “una señora de Mondragón”, que obviamente acertó. Aquellos cinco años de Derecho en Salamanca y los campamentos en verano, reconoce que fueron decisivos en su brillante carrera posterior como diplomático, por mejor decir, como hombre de Estado. Lleva entrañada esta ciudad, donde el canónigo Don Cándido Verdejo intervino en su noviazgo y posterior enlace con Silvia Arburúa. Viene siempre que tiene ocasión. Recuerdo haberlo encontrado una vez entrando con toda sencillez, sin escolta, en un café de la Plaza Mayor, con el entonces presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors. Su memoria es prodigiosa. Cada vez que coincidimos me cuenta una anécdota. El jueves, una que yo no recordaba de su compañero de curso y amigo Carlos Sánchez Tabernero (exconsejero de LA GACETA desgraciadamente fallecido). Dice que en cierta ocasión me preguntó como podía localizarle y le contesté que a la una en la barra del Hotel (entonces no hacía falta decir Gran, bastaba “el Hotel”). ¡Y allí estaba Carlos! Claro, como todas las mediodías, con la misma cotidianeidad y puntualidad que por las tardes se reunían allí en tertulia, los ganaderos Antonio Pérez, Atanasio Fernández, Lisardo Sánchez...

Si había muchos rectores —salvo el perdidizo Fermoso—, eran bastantes más los juristas. Ignacio Berdugo, en su doble condición. Me pareció encarnada la Transición en dos personas, formadas en nuestra Universidad : el ministro de Suárez, Oreja Aguirre, y el ministro de Felipe González, Fernando Ledesma. Fernando, ilustre miembro de ALUMNI, llegó a la Facultad de Derecho en los cincuenta con otros toledanos, Manolo Espinosa Carmona, Enrique Sagués, Fernando Díez Moreno (luego subsecretario de Hacienda y secretario de Estado de Defensa), y con el panameño Arístides Royo, con VICTOR en la calle de Libreros y hoy Ministro del Canal. Tan accesible y “salmantino” como siempre, ofreció en su discurso unos datos preocupantes sobre la pobreza, la democracia... en Hispanoamérica. El caso es que todos ellos vistieron la chaqueta azul del prestigioso Colegio Mayor “Fray Luis de León”, donde convivieron y forjaron una mistad perdurable, especialmente los dos Fernandos con Arístides. Era entonces director el catedrático de Historia del Derecho don Ignacio de la Concha, y capellán don Juan Rubio. Incluso tres de ellos, tres, casaron con mujeres charras.

¿Qué hubiera sido de la Transición sin abogados? Salamanca aportó a las Cortes Constituyentes cuatro (dos diputados y dos senadores). De aquí fue catedrático de Derecho Administrativo el ministro del Título VIII, Manuel Clavero, que fue el padrino del también catedrático de la USAL Enrique Rivero Ysern (hermano del de Sevilla, José Luis, y padre del catedrático de la misma disciplina y actual Rector, Ricardo Rivero Ortega). Por si no eran bastantes Rivero(s), tuve el placer de saludar al hermano del Rector, diputado de Ciudadanos por Palencia, al que no veía desde su infancia. Hay un libro que en su día presentaron los tres ponentes constitucionales entonces vivos (Herrero de Miñón, Miquel Roca y Pérez Llorca), que atribuye a los abogados el decisivo papel que les (nos) correspondió. Y el decano del Colegio de Abogados de Salamanca, Eduardo Íscar, me invita a asistir el día 16 a la presentación de “Los abogados que cambiaron España”, del periodista Fernando Jaúregui.

Coda: el vino servido por Antonio “Caballerizas” en la galería alta, excelente. Pedro Sánchez, iletrado, había confundido en Zafra el jamón serrano de cerdo blanco, con el ibérico pata negra; Trump le acababa de sacudir unos aranceles pavorosos a nuestros jamones. Pero Antonio me descubrió una nueva categoría de perniles: los “de dieta”. Así al menos me lo ofreció amistosamente. Y piqué.