16 agosto 2022
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A vueltas con la cultura

06 may 2022 / 03:00 H.

    Cultura, esa palabra con la que se nos llena la boca en unos tiempos, los actuales, en los que todo está impregnado de ella, hasta el olor a panceta es cultura. La choni de Rosalía, Pablo Motos, los “youtubers” (perdón: y las “youtubers”) o Antonio David Flores son cultura, como lo son el Kichi de Cádiz, la vulgaridad de “Aquí no hay quien viva”, Jorge Javier Vázquez, o las “influencers” (perdón: y los “influencers”). Y por supuesto, el dios fútbol lo es y que nadie ose decir lo contrario, y de osar será dicho por algún pervertido, o algún frustrado, o algún personaje de Alejandro Dumas abandonado en el siglo XXI... Hoy todo es cultura, todo salvo aquello que se supone debería serlo, lo que hace mover al mundo más allá del sexo y el dinero: la inquietud y el deseo, el amor y la curiosidad, todo aquello en definitiva que hace esponjar el cerebro con la simple intervención del ser y la luz, nada de metaversos y demás armas de destrucción masiva. Manuel Alejandro siempre valdrá más que Mark Zuckerberg, sería la pintada ideal en lo que fue un auditorio (como el que hubo en La Alamedilla, diminuto Hollywood Bowl).

    Y con este escenario fugaz, volátil, incomprensible e inabarcable, llegamos a nuestro pequeño cosmos, el que nos importa: Salamanca. Aquí la cultura es pose, uno nace en Salamanca y parece que nace culto o predispuesto a la cultura, una idea errada entre quienes no han reparado en la famosa frase latina: Salamanca no presta lo que la naturaleza no da. La Universidad no puede hacer milagros y así nos hemos quedado, en la mano de pintura cultural sin el más mínimo contenido, aunque a veces surgen perlas cuasi anónimas como la poesía de María Ángeles Pérez, reciente premio nacional de la crítica por su obra “Incendio Mineral”.

    Pero pasan los años y nada cambia: ¿qué grandes conferencias de ilustres de la ciencia o del pensamiento se programan?, ¿qué exposiciones artísticas de gran nivel se abren, da igual sean de Goya, Matisse, Bill Viola o Dubuffet?, ¿de cuántos conciertos sinfónicos disfrutamos?, ¿qué estrellas de la canción nacionales o internacionales nos visitan? Es como si solo tuviéramos derecho a las horribles figuras doradas que un chino coló en nuestras calles por dos veces, a musicales de tercera, o a la pesadilla del llamado arte urbano en el que ya vale todo. Como en la cultura, todo, hasta el aburrimiento.

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