14 agosto 2020
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35 años en Europa

13 jun 2020 / 03:00 H.

    Lo peor de la pandemia con víctimas ha pasado. ¿Pero sabemos lo que económicamente nos espera? Los taurinos ya lo están sufriendo en sus carnes. Cuando envío esta columna al periódico, supongo que el coso de la Plaza Mayor, será un gemido en defensa de la Fiesta Nacional, y su repercusión económica. Porque, efectivamente, “Salamanca es tauromaquia”, lema que no dista mucho del histórico “Arte, saber y toros”.

    Si las Bolsas son un termómetro de la economía, baste decir que la jornada de ayer, la primera desde que se decretó el estado de alarma, fue un “jueves negro”. En la de Madrid se produjo un desplome del IBEX, con una bajada superior al 5%, que afecta a las grandes compañías, pero donde también tienen sus ahorrillos muchísimos españoles modestos. Pero además todo el mundo sabe - para entendernos -, que España debe más de lo que tiene. Nuestra deuda pública ha subido con este gobierno nada menos que hasta el 98,9% del Producto Interior Bruto. El vaticinio usual es que la tendrán que pagar nuestros nietos y bisnietos.

    Un día de San Juan de Sahagún como este, hace 35 años, Felipe González suscribía el Tratado de Adhesión a la Comunidad Económica Europea. El entonces presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors (que una mañana apareció con Marcelino Oreja, sin escolta, a tomar un café en la Plaza Mayor), dijo que “nos había echado de menos”. Hoy España aporta 58 parlamentarios europeos, tiene a Borrell de representante de la política exterior de la UE, y hasta es posible que la ministra Nadia Calviño – de lo poco sensato de nuestro desgobierno -, presida en breve el Eurogrupo. Pero, sobre todo, entre las noticias esperanzadoras para nuestras finanzas, para atender los disparatados compromisos que va contrayendo el sanchismo (no olvidemos que con comunistas, separatistas y filo-etarras) está precisamente Europa, la Europa que detestan el vicepresidente Pablo Iglesias y los suyos. Su Banco Central nos ha prometido 70.000 millones de euros a fondo perdido y otros tantos a crédito, del nuevo programa de los 750.000 que liberará de ayuda por la pandemia.

    Hay hinchas y sectarios, no saben ustedes cuantos, que creen que - salvo los pantanos -, todo lo válido lo han traído a España Felipe y el PSOE, que fundaron la Seguridad Social, que nos metieron ellos solitos en Europa...Para los tercos y fanáticos, conviene recordar que ni siquiera fue Adolfo Suárez quien solicitó primero la integración, fue el ministro franquista de Exteriores Castiella en 1962, cuando el ”invicto caudillo”, que no sabía nada de Economía, harto de los intentos liberalizadores de Ullastres y Rubio (Ministros de Comercio y Hacienda), dijo “que hagan lo que les dé la gana”, y organizaron el llamado “milagro español”. (Supongo quedarán asistentes en nuestro Paraninfo a la conferencia de Ullastres sobre Europa, años 60, la más larga que he escuchado: dos horas y cuarto).

    Y es que Alberto Ullastres tenía admiración por la llamada Escuela de Salamanca (Siglos XVI y XVII), y particularmente por Juan de Mariana - sobre el que hizo su tesis -, y por Martín de Azpilicueta. Sobre dicha Escuela la gente no tiene ni puñetera idea de su importancia histórica. Afortunadamente el Club de los Viernes fundó un prestigioso Premio con tal nombre, premiando en su primera edición a Jesús Huerta de Soto y en la segunda a Federico Jiménez Losantos. La votación de este año ha otorgado el Premio al prestigioso economista y catedrático de la Complutense, Carlos Rodríguez Braun, que si Dios quiere lo recibirá en el Casino de Salamanca el próximo otoño.

    Dejando aparte mis lógicas discrepancias, es momento oportuno para resaltar lo que Jiménez Losantos escribió en su día, sobre aquella Escuela que lleva el nombre de nuestra ciudad: “Una historia de libertad cuyo acento pongo en Salamanca, como capital intelectual de España”. Y al recibir el Premio en el Palacio de Figueroa sostuvo certeramente que “Es en Salamanca donde comienza el pensamiento económico moderno”. ¡Olé!

    Por rematar esta excursión al mundo de la economía, constato que acaba de concederse el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, al turco Dani Rodrik, que ha cuestionado, y por tanto revuelto, todas las teorías sobre la globalización económica, en relación con la soberanía nacional y la democracia. Como es profesor de Harvard, me interesaré por su obra hablando con un ex alumno de esa Universidad y corresponsal mío en Boston, de estirpe salmantina. Con la duda razonable de si para la próxima edición, la princesa estará en el exilio, Dios no lo consienta; los principios constitucionales rectores de nuestra política económica, sustituidos por otros marxistas, ¡Vade retro!; y todos a pan pedir, venezolanos.