02 julio 2022
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La presa de Almendra, una década de bonanza para Ledesma

La construcción de la enorme infraestructura supuso una inyección económica para la villa y sus alrededores

10 ene 2019 / 14:55 H.
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MONETTE En el año 1964 dieron comienzo los trabajos de construcción de la presa de Almendra, llamada también de Villarino. Ya se empezaba a notar por entonces en Ledesma la afluencia de foráneos, lo que se convertiría después en una década de bonanza para esta villa y los pueblos limítrofes.
 
Gran cantidad de gente de todas las regiones llegó a Ledesma, especialmente andaluces, pero también asturianos y, en menor medida, de otros lugares de España. Si bien, se llevaba la palma el norte, más concretamente Bilbao, que se encargaba de los trabajos relacionados con el cemento y toda clase de hierros y forjas para mezclar con el cemento, que no fue poco, ya que se usaron para esta gran construcción,2.188.000 metros cúbicos de cemento y agua.
 
Por aquel entonces, la presa de Almendra era la más alta de España y la segunda de Europa y en su recorrido de punta a punta alcanza los cinco kilómetros. Éste que os habla lo ha comprobado in situ, cinco kilómetros justos.
 
No pasaron dos meses desde el inicio de las obras y Ledesma se llenó de trabajadores, como si de la fiebre del oro se tratara, y los establecimientos apenas daban abasto para las compras que se hacían, pues con las primeras pagas, los bolsillos estaban repletos de billetes y no se escatimaba en comprar toda clase de 'mercancía' como comida, ropa, zapatos, etcétera. También se dejaban buenos dineritos en los bares y restaurantes, y en el cine de Tocino, que vendía todas las entradas. Lo mismo ocurría con la Plaza de Toros y en el frontón, no quedaba ni una grada vacía, tanto para los partidos de pelota, como para las verbenas que allí se organizaban, hablamos también del baile de ‘La Puñalada’ y más tarde del baile del Rocal. Qué decir de cómo se ponía el río, un hervidero de bañistas. Como he dicho antes, años de bonanza.
 
Los niños, por aquel entonces, nos quedábamos de piedra contando las ruedas de aquellos inmensos camiones que venían de Bilbao con aquellos medios tubos, con un coche delante y otro detrás, con las luces giratorias, pues no era para menos. Había que parar la circulación cada dos por tres. Sí que os voy a decir que el número de ruedas de aquellos camiones rondaban las 22, incluso algunos tenían más. Asombroso para unos críos que no habían visto más que los camiones de Los Caleros y los de Cuadrado, además de La Serrana y el pequeño autocar que iba a Zamora. Estábamos en otro mundo.
 
También es cierto que nos quitaron a los más peques nuestro polideportivo, que no era otra cosa que el mercado del grano. Allí metían los camiones de Montejano y de alguna empresa más. Gracias por la faena que nos hicisteis, pero todo sea por el progreso, por lo tanto, estáis perdonados.
 
Por otra parte, durante la construcción, hubo bastantes bodas en Ledesma, con los mozos foráneos, pues muchas de las mozas veían con mejores ojos a los mozos forasteros que a los del pueblo y he dicho algunas, no todas.

Aunque la inauguración por parte del Jefe del Estado fue en 1970, unos 5 años atrás ya se iban marchando cantidad de trabajadores, pues allí solo quedaba trabajo para los Ingenieros, montando las turbinas y demás entresijos que una presa de ese calibre requiere. Y como todo empieza y todo tiene su fin, a los Ledesminos le quedó buen sabor de boca y los bolsillos un poco más llenos. Que nos quien lo ‘bailao’. Gracias amigos.

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