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Lucía Rivera, hija de Blanca Romero y Cayetano Rivera. E.P.
El maltrato físico y psicológico sufrido por Lucía Rivera, la hija de Blanca Romero y Cayetano Rivera

El maltrato físico y psicológico sufrido por Lucía Rivera, la hija de Blanca Romero y Cayetano Rivera

Ha escrito un libro donde cuenta sus experiencias personales a pesar de su corta edad, ya que tan solo tiene 24 años

Lunes, 20 de marzo 2023, 13:23

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Hija de Blanca Romero y Cayetano Rivera -que la adoptó cuando después de casarse con la modelo asturiana en 2001, cuando tenía solo 3 años-, una de las modelos con más proyección de nuestro país y expareja de rostros conocidos como Marc Márquez, Lucía Rivera ha estado siempre rodeada por la popularidad .

Pero a pensar de lo que podríamos pensar, ni lo tiene todo ni su vida no ha sido fácil. Y ahora, a pesar de su juventud (tiene 24 años) ha decidido compatirla con todo el mundo, dando el salto al mundo de la literatura con una desgarradora biografía que dará mucho que hablar.

Con el título de ‘Nada es lo que parece’ y a través de diferentes capítulos como ‘Miedo’, ‘Acoso’, ‘Bullying’, ‘Vicios’, ‘Fama’, ‘Reconstrucción’ y ‘Luz’, Lucía desvela que “en este libro he vaciado una mochila que pesaba toneladas” y relata, en primera persona y con una sinceridad que nunca hubiésemos imaginado, lo dura que ha sido su vida.

Además de hablar de lo complicado que fue su nacimiento -llegó al mundo con dos fémures rotos y poco después de nacer sufrió una parada cardíaca- la modelo echa la vista atrás para confesar lo dura que fue su infancia, entre Madrid y Asturias, pasando por diferentes colegios y sin encajar en ningún sitio.

Pero antes de encontrar su camino con 16 años y probar suerte en el mundo de la moda -en el que nada es como parece- Lucía sufrió maltrato psicológico y físico por parte de dos de sus primeros novios. El primer chico del que se enamoró le prohibió salir con sus amigas, le controlaba el teléfono y hasta como iba vestida: “A medida que intentaba liberarme de esas cadenas, él las apretaba más. Se presentaba en la puerta de mi casa, aparecía gritando, buscaba a hombres dentro del armario pensando que le estaba engañando y me gritaba hasta que le daba el móvil y le dejaba revisarlo”.

Un abuso psicológico que pasó a ser físico en su segunda relación, como confiesa en su libro. Un chico que al principio la trataba bien, pero que no solo hizo las mismas cosas que su primer novio, sino que terminó maltratándola en numerosas ocasiones: “Ahora que me paro a pensarlo, reconozco que fui la víctima perfecta, casi hecha a medida, una niña con muchos abusos interiorizados, los celos posesivos, los insultos y los refuerzos intermitentes”.

“La primera vez ni siquiera la recuerdo bien, porque fueron muchas, cada vez más. Siempre lo excusaba achacándolo a que estaba drogado y entendí que esa era una manera ‘normal’ de relacionarse, que yo sería capaz de hacerle cambiar, que la culpable era yo... Pero las peleas aumentaban de mes en mes, ya no solo con él, sino con todo mi entorno. Sus infidelidades, que no fueron pocas, consiguieron hacerme cada vez más pequeña y me llenaban de ira. Siempre defendí a Aitor a capa y espada. No sé por qué, pero aseguro que sentía verdadera admiración por él. Recuerdo sus ojos, fuera de sus órbitas, ensangrentados con rabia, y el ceño fruncido mirándome fijamente mientras exclamaba todo tipo de amenazas y me agarraba el cuello contra la pared. Sentía una especie de muerte dentro de mí, tenía moratones hasta en las orejas, y no, nunca se me pasó por la cabeza tomar medidas legales” desvela, confesando que si no llegó a denunciarlo fue “por miedo a las consecuencias que podría pagar yo”.

“Aprender a amar en ese contexto acaba contigo. Nadie te da ninguna lección hasta que lo vives. Es jodidamente complicado recuperarte. Pero solamente salir de ahí te devuelve la vida que el maltratador te ha robado. Es como abrir por fin un baúl en el que estabas encerrada a cal y canto y con alguien encima que hacía resistencia. Es salir dando una patada fuerte y cogiendo todo el aire que te faltaba” reconoce.

Pero, además de abrirse en canal para contar lo duras que fueron sus primeras experiencias en el amor, Lucía también aborda los peligros del mundo de la moda, sus complejos físicos, sus problemas de salud mental y los riesgos de la fama con los que ha tenido que lidiar desde que decidió probar suerte como modelo con 16 años.

Una biografía, ‘Nada es lo que parece’, que podremos leer al completo el próximo 22 de marzo y que hará que cambiemos la imagen que tenemos de Lucía Rivera para siempre.

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