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Joel explica a los dos pequeños capitanes del Sporting Carbajosa y el CD Guijuelo el sorteo de campos. LAYA
Una jornada en la piel de un árbitro del fútbol base salmantino

Una jornada en la piel de un árbitro del fútbol base salmantino

Joel del Brío abre las puertas de su vestuario y sus sentimientos por un día a LA GACETA

Jaime García

Salamanca

Martes, 14 de noviembre 2023, 10:23

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El arbitraje vive un momento complejo por la nube de críticas y vejaciones que sufre por rutina. Todo vale sin tener en cuenta qué hay detrás de esa figura. Ni sus inquietudes ni sus miedos. Es por ello que en LA GACETA hemos decidido acompañar a Joel del Brío Sánchez durante 24 horas.

Tiene 23 años, es salmantinos y tras diferentes vaivenes acumula su segunda temporada en el Colegio. Por delante, el joven debe impartir justicia en cuatro duelos correspondientes a las categorías Prebenjamín, Alevín, Cadete y, por último, Aficionado.

El colegiado inicia la mañana después de una larga noche de guardia, que apenas le ha dejado descansar, pero, como un nuevo fin de semana no se arrepiente: «Es mi pasión». Antes de poner rumbo al campo, Del Brío cuenta porqué se inició en el mundo del arbitraje. «Mi padre tuvo mucho que ver, fue y es árbitro por lo que siempre me he fijado mucho en él y es la persona a seguir que tengo», expresa.

El salmantino tiene tiempo para un desayuno contundente y una ducha antes de poner rumbo al campo. «Cuando tengo guardia por la noche mi rutina es llegar de trabajar, asearme, prepararme mis huevos fritos y arbitrar», comenta. De camino al Justo Sánchez Paraíso, nos narra algunos de sus inconvenientes arbitrando, y es que el joven afirma que no llevar a su madre porque no entiende que le insulten por hacer su trabajo. Algo inconcebible en el resto de labores cotidianas porque como reflexiona Del Brío, «en el fútbol hemos normalizado el insulto hacia el árbitro». Añadiendo que «existe poca solidaridad entre los padres y entrenadores con nosotros, no tomamos decisiones buscando el mal de unos y otros, sería imposible».

La mañana empieza con un duelo de tercera prebenjamín, una categoría dónde el árbitro explica que «lo importante es enseñar a los niños y niñas no sólo el reglamento también los valores del fútbol». Además, añade que en dichas categorías «los jugadores sólo quieren jugar, así que es más sencillo arbitrar». Con el pitido final, Del Brío debe actualizar los resultados en la página web y prepararse para el siguiente partido. En ese descanso, el árbitro nos explica cómo los equipos intentar falsificar la ficha del entrenador. «Muchas jornadas tenemos este problema, mismamente la última jornada me intentaron colar a dos entrenadores que no estaban, es algo serio porque intentas suplantar la identidad de una persona que es responsable de un equipo».

Varios momentos en la vida de un árbitro de cantera. LAYA
Imagen principal - Varios momentos en la vida de un árbitro de cantera.
Imagen secundaria 1 - Varios momentos en la vida de un árbitro de cantera.
Imagen secundaria 2 - Varios momentos en la vida de un árbitro de cantera.

La mañana para el salmantino se saldó sin contratiempos, ahora, tiene una pausa para comer antes del penúltimo partido del día. Respecto a cómo afrontan un mal día arbitrando, Del Brío nos comenta lo siguiente: «No venimos a joder a ningún equipo. Sinceramente, si cometo un error me voy jodido a casa y como yo, el resto de árbitros. Además, en casa le sigues dando vueltas», añadiendo que «debemos tener 18 ojos porque en cada jugada pasan muchas cosas, eso a veces, la gente no lo comprende». A su vez, admite que en alguna ocasión ha podido pensar que la crítica era justificada, pero, «yo no puedo pitar algo que no hemos visto ni mis compañeros, ni yo sobre el campo».

Su día más complicado

Uno de los días más complicados para Del Brío fue en el Vicente del Bosque durante un partido entre el Navega y el Peñaranda. «Ese día tuve tres partidos seguidos como línea, el último partido enfrentaba al Navega y al Peñaranda. No pudimos salir del vestuario hasta las once de la noche porque había padres que nos esperando fuera del campo».

Tras cuatro partidos y varias horas siguiendo el esférico de lado a lado, Del Brío pone rumbo a su casa pasadas las 20:00 horas, y todo ello después de una larga noche trabajando. «Empecé con el gusanillo de arbitrar con trece años, luego lo dejé de lado hasta hace un par de años y es algo de lo que me arrepiento. Tendría que haber empezado antes porque es un mundo muy bonito del que cuando consideras que lo has hecho bien, vuelves a casa con una gran satisfacción, incomparable a cuando juegas al fútbol como jugador», dice como punto final.

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