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DE CAMPO

La segunda vuelta del saneamiento

Martes, 23 de enero 2024, 05:30

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El pasado abril se manifestaron los ganaderos de Salamanca por las medidas contra la tuberculosis bovina. Es difícil de olvidar a quienes llegaron sólo para manifestarse. A aquella ganadera vestida de domingo que bajó del autobús con un cencerro para hacer ruido, participó en la protesta y, rápido, vuelta al pueblo, que al ganado hay que atenderlo. En esa manifestación hubo ganaderos de 50 vacas y de 300. Estaban los que tenían ganado manso y los de bravo. Había gente de una organización agraria y de las otras, y de asociaciones, y de cooperativas y había veterinarios, también oficiales.

Contaban los ganaderos que se arruinan y que no pueden estar todo el día encerrando ganado, porque no es como antes: apenas queda gente en el pueblo que pueda ayudar. Y no les da a muchos como para tener empleado. Y de tanto hacerles pruebas a las vacas, ni con camperina se las engaña. Y ahí quedó.

Luego llegó la siguiente protesta, la de junio. La de la bronca. A la puerta de las elecciones. Y la tuberculosis se convirtió, no en el problema de esa ganadera, sino en política. Llegó el «155» y se adueñó el Gobierno del criterio científico y veterinario pero, como ocurre con la covid y las mascarillas, sin un comité científico con nombres y apellidos.

Los ganaderos de Salamanca pedían que se olvidara el Ministerio del objetivo de erradicar la tuberculosis. Y en Castilla y León, la Consejería lo que exigía era su control porque erradicar supone sacrificar gran cantidad de ganado en zonas con alta prevalencia. Científicos, estos con nombre y apellidos, reconocen que los niveles de riesgo son mayores en la España seca. Que es más difícil erradicar allí. Sólo hay que ver el mapa del Ministerio, donde las prevalencias altas están al suroeste. Sólo leer lo que dice el Ministerio, eso de que es mayor en lidia y extensivo.

El Ministerio se comprometió a flexibilizar. Ylo ha hecho. A su manera. Donde no hay tuberculosis, flexibiliza; donde hay, aprieta más.

El Programa Nacional que ha aprobado para 2024 deja claro que mantiene el objetivo de erradicar. Que ni caso a la Junta. En 2030. No hay reuniones al más alto nivel. Considera la tuberculosis bovina un problema exclusivo de salud y seguridad alimentaria, y excluye la necesaria supervivencia del ganadero. El ganadero, dice, tendrá «el beneficio de incremento de la renta al liberarse de limitaciones del movimiento de ganado». Se le olvida decir que si aguanta hasta ese momento, claro.

Dice el Ministerio que el programa de erradicación es un éxito y olvida que el primero se aplicó en 1987 y la prevalencia en rebaños en 2022, que son 35 años después, aún se cerró en el 1,4%. Olvida que se marca como objetivo bajar al 0,1% y que hay comunidades, como Castilla-La Mancha, con prevalencias del 7,16%. Los datos prueban que hay un problema y que no se ha solucionado. Y que por eso hace falta debate y hablar con los mejores para salvar al ganadero. Pero ahora ya está en la fase de propaganda, de argumentario.

No se sabe nada de la vacuna ni parece que el Ministerio quiera saberlo. En fauna, el Gobierno descarta lo que hacen Reino Unido e Irlanda en tejones. Y da dos motivos: la posible interferencia en pruebas diagnósticas y que «complica la logística» al necesitar cadena de frío. Se ve que no está por gastar. El Ministerio anuncia que dará, cuando se pueda, bacterina a los jabalíes pese a que reconoce que no será la «bala de plata» que erradique la tuberculosis.

El Ministerio no flexibiliza, aprieta en zonas con alta prevalencia. Habla de introducir cabras en los programas. Y deja claro que en determinadas zonas hay que dar dos vueltas. Y en algunas unidades veterinarias de Salamanca se les ha dicho a los ganaderos que lo harán. En alguna otra, con buen criterio, aún no porque la Consejería no se ha pronunciado y ni se sabe qué unidades serán las afectadas porque no se han publicado las prevalencias de 2023.

Pero el ganadero, a lo que le digan. Sanea a ciegas. No sabe cuántas veces tendrá que encerrar a su ganado, ni cómo planificar el año.

La ganadera del autobús cree que a otra protesta ya no llega, que lo deja antes. Dice que la están echando.

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